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“El castillo de la muerte”, el edificio más macabro y escalofriante de la historia

Confesó 27 asesinatos, pero los expertos estiman que debieron ser casi 200. Aun así, solo pudo ser condenado por 9 de ellos. Lo más escalofriante de todo: la construcción de un hotel lleno de habitaciones secretas para secuestrar, torturar, matar y descuartizar a sus víctimas. 

No es de extrañar que este estafador consumado y terrible asesino haya inspirado varias películas y series de televisión, entre ellas, American Horror Story: Hotel y la próxima película de Leonardo DiCaprio. 

Bienvenidos al World’s Fair Hotel, el conocido Castillo de la muerte.

Estafadores, asesinos y pólizas de seguros

 Henry Howards Holmes / wikipedia.org 

Herman Webster Mudgett, conocido como, Henry Howards Holmes, comenzó su carrera criminal muy pronto, mientras estudiaba medicina en la Universidad de Michigan en 1882. Con 21 años, comenzó a robar cadáveres para desfigurarlos y estafar al seguro -cobrando las pólizas que el mismo contrataba con engaños y documentos falsificados-, haciéndoles creer que los asegurados habían muerto en un accidente. Fue solo el principio. 

Abandonó la carrera antes de la graduación, para probar suerte en el mercado farmacéutico, trabajando en diversas ciudades del país hasta que decidió afincarse, junto a su mujer, Clara Lovering, en la farmacia de Elizabeth Holton en Chicago. 

En 1889, compró la farmacia de su mentora y un solar justo en frente -en la confluencia de la Avenida Wallace y la calle 63 Oeste- donde construyó un modesto hotel de tres plantas, con el objetivo de hacer negocio en la futura Exposición Universal de Chicago que se celebraría en 1893. 

El World’s Fair Hotel, conocido como El Castillo debido a su robusta apariencia, fue edificado por el constructor y carpintero, Benjamin Pitezel, siguiendo las expresas y exactas instrucciones de H. H. Holmes. La edificación fue muy lenta, ya que cambiaron de cuadrillas en numerosas ocasiones. Luego veremos el por qué.

Con fachada de ladrillo, grandes escaparates y amplios ventanales en forma de bow-window, el World’s Fair Hotel fue conocido como El Castillo. En la planta baja, Holmes recolocó la farmacia,así como varias tiendas de regalos y souvenirs. En las plantas superiores se disponían las habitaciones para los viajeros que, provenientes de todos los rincones del mundo.

El edificio permaneció abierto hasta finalizar 1893, acogiendo a numerosos huéspedes y empleados, tanto de la farmacia y las tiendas, como del hotel. Tras la clausura de la Expo de Chicago, la economía local se contrajo y el hotel tubo que cerrar. 

De vuelta a las andadas

Aunque el negocio parecía respetable, H. H. Holmes no había perdido sus malas costumbres, sino que las había empeorado con el tiempo. 

Al cerrar el hotel, decidió abandonar Chicago con su nueva esposa, Myrta Belknap, para estafar de nuevo al seguro. Esta vez se puso de acuerdo con el abogado Jeptha Howe y el constructor, Benjamin Pitezel, para fingir la muerte de este último y repartirse la indemnización. 

Benjamin Pitezel / wikipedia.org 

Sin embargo, Holmes consideró que la mejor manera de fingir la muerte Pitezel era matándolo de verdad y así lo hizo. Cobró la prima y quedó al cuidado de tres de los cinco hijos de Pitezel para entregárselos en custodia a su mujer que se hallaba en otra ciudad. El viaje debió pararle muy laborioso, ya que también decidió matar a los niños gaseándolos dentro de un baúl.

Dos de los hijos de Pitezel

Cuando los cuerpos de los niños fueron descubiertos, Holmes pasó a ser el principal sospechoso y la policía registró sus propiedades. No estaban preparados para lo que iban a encontrar.

El castillo de la muerte

El caso fue asignado al inspector de policía, John E. Fitzpatrick, quien adoraba profundamente la arquitectura y como, ésta y sus impresionantes nuevos rascacielos, estaban cambiando la geografía de su ciudad, Chicago. Nunca pensó que la arquitectura pudiera utilizarse para secuestrar, torturar y matar a otras personas. Era 1894 y daba comienzo el que sería el caso más importante y sórdido de su carrera: El castillo de la muerte.










Fishwrap – Newspapers.com

Cuando el detective, Fitzpatrick, entró en el antiguo hotel de Holmes se sintió extrañado. Como amante de los planos y croquis era evidente que había algo que no cuadraba. Las dimensiones de las habitaciones y los pasillos no se correspondían con la realidad. Allí había gato encerrado, y así era… descubrieron hasta 20 habitaciones secretas.

Las dos primeras plantas eran más o menos normales, pero el tercer piso fue un hallazgo escalofriante. Habitaciones sin ventanas, pasillos asfixiantes que se estrechaban hasta lo imposible, estancias tan bajas que no se podía estar de pie y otras tan angostas que una persona no podría tumbarse. Una estaba revestida de acero, y todas estaban completamente insonorizadas. Había trampillas en el suelo y en el techo, y hasta una habitación completamente tapiada. En las paredes, marcas de uñas y sangre; en los rincones, restos de vestidos, piel y huesos. 

El hedor del tercer piso era superlativo, pero no mejor que el del sótano, donde se encontraron varias tinas de ácido con restos humanos dentro, una fosa con cal viva, y un horno crematorio. También había un pequeño laboratorio con piezas humanas disecadas y una zona de despiece. Un ascensor privado, como de hospital o funeraria, conectaba la tercera planta con el macabro sótano.

Las habitaciones del tercer piso, parecían habitaciones normales, pero los cuartos secretos contiguos eran salas de tortura. Un sistema de tuberías de gas camufladas permitía adormecer o asfixiar a las víctimas en silencio y sin que se dieran cuenta.

Se encontraron restos de múltiples personas -incluso de un niño de unos 6 años- y se sospechó que, además de numerosos huéspedes, Holmes había matado a sus propios empleados, a los que hacía firmar seguros de vida al comienzo del contrato. 

En su conjunto, estaba claro que el tercer piso había sido construido para matar y torturar personas, es por eso que Holmes utilizó tantas cuadrillas de albañiles diferentes en la construcción, para que nadie pudiera encajar las piezas de tan macabro edificio. De hecho, los antiguos empleados explicaron a la policía que todos menos el señor Holmes, tenían prohibido subir al tercer piso, incluido el servicio de limpieza. Era una norma que no solían contrariar, ya que quien la violaba era fulminantemente despedido. O al menos eso creían, ya que desaparecía de repente y nunca más volvía a saberse de él o ella.

H. H. Holmes fue inmediatamente detenido y acusado de las muertes de Pitezel y sus hijos. Después, confesó la muerte de 27 personas en Chicago, Indianápolis y Toronto, aunque tras hacer averiguaciones, algunos de las supuestas víctimas seguían con vida. La policía solo pudo demostrar y relacionar 9 asesinatos, aunque la prensa y los forenses elucubraron con la posibilidad de que fueran casi 200. Solo H. H. Holmes y, quizá, su castillo de la muerte, saben la verdad. 

Ejecución de H. H. Holmes / GhostHunt Uk

Fue condenado a morir en la horca y cumplió 3 años de encierro antes de ser ejecutado. Nunca mostró arrepentimiento, pero sí solicitó ser enterrado a 10 pies de profundidad bajo una gruesa capa de cemento, para evitar así que otros pudieran robar su cadáver como el hacía en su juventud con otra gente.

Fue ejecutado el 7 de mayo de 1896, pero su muerte no fue rápida. Su cuello no se rompió al caer con la soga y tardó más de 15 agónicos minutos en morir asfixiado. Nadie mostró piedad, Holmes no la merecía.

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