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El emotivo poema de una famosa poetisa le escribió a su perro que estuvo a punto de morir

Elvira Sastre es una poetisa que en los últimos años ha alcanzado gran notoriedad en la red con sus bellos poemas. 

Su carrera como escritora comenzó con la publicación de Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo en el año 2013. Compagina esta actividad con la de la traducción profesional, habiendo sido también la encargada de traducir al castellano Los hijos de Bob Dylan.

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Hace poco ha compartido en Facebook la historia de cómo su perro enfermó y estuvo a punto de morir, y ha explicado que, una vez pasado el tiempo ha podido escribir un poema sobre como vivió ese momento. Estas han sido sus palabras en la red social:

Mi perro enfermó hace unos meses. Al principio parecía un problema leve, pero con el tiempo se complicó. De los 22 kilos que debía pesar, llegó a 14.5 kilos. No tenía fuerza alguna, apenas podía respirar, pero seguía moviendo el rabito y acercándose corriendo a la puerta cada vez que llegaba alguien. Sonaron las palabras «sufrimiento», «inyección», «principal causa de muerte», «el 90% no sobrevive», «eutanasia». Sin embargo, yo sólo podía verlo como lo había visto hacía no tanto: en la nieve, jugando, feliz, escuchando cómo le prometía que volveríamos al año siguiente. Sólo podía pensar en que cuando yo estuve al borde del precipicio él me agarró con los dientes, sin apretar, y me sacó de allí, aunque nadie confiara en mí. Le debía más que eso. Así que no escuchaba a nadie, sólo lo miraba, todo el tiempo, tratando de escuchar lo que él quería pedirme. Y eso hice. Y me pidió seguir.
Han pasado unos meses y Tango, aunque no está recuperado del todo, ha sobrevivido, ha engordado y se ha puesto fuerte. Nos ha puesto fuertes, porque es el perro más querido del mundo. Durante esos meses yo solo me repetía lo mismo: «a los perros buenos no les pasan cosas malas». Ahora, tiempo después, he sido capaz de escribir un poema que hable de algo de lo que sentí y sufrí en aquel momento. Un poema doloroso y curativo. Como Tango. Mi 10%

El texto refleja lo mal que lo pasó con la enfermedad de su amigo de cuatro patas y, aunque aún le queda por delante el proceso de recuperación parece que la cosa avanza favorablemente. Todos sus sentimientos con respecto a ese proceso quedaron reflejados en este precioso poema que reproducimos a continuación.

¿Lo recuerdas?
La nieve, un verde helado como nunca,
las botas hundidas, mi madre en el balcón observándonos jugar.
Reías, te prometo que fui capaz
de escucharte reír,
saltabas y te hundías en la nieve,
y no entendiste nada,
y yo comprendí todo.
Es
ese quizá el recuerdo más sencillo de todos mis años.
Aprendí de la vida
que debía cuidarte, colocarme entre tu cuerpo y el mordisco,
oler tus silencios y el más mínimo gesto,
protegerte sin necesidad de un peligro,
quererte entero y sin fisuras, sin errores,
con la tranquilidad que da amar a quien te ama.
Aprendí de la vida a quererte de igual modo,
a amar este equilibrio nuestro,
la igualdad de latido,
a confiar sin atender el tiempo
que tarda uno en encontrar la calma,
a buscar lo urgente sin ninguna prisa,
y a llegar a casa,
y que mi casa sea mi casa porque tú me esperas,
y que tu casa sea tu casa porque siempre vuelvo.
Aprendí de la vida
a estar siempre alerta,
pero cuando vino a golpearte esa alarma no sonó,
cuando vino a castigarte no se escuchó nada,
cuando vino a herirte el silencio había perdido su olor,
y no fui capaz, mi vida, esa vez no fui capaz,
y a una palabra de mi boca estuvo de llevarte,
a una única palabra de abandonarte,
a ti, a tu ruido, a la mirada que me enseña, a mi casa,
a una única palabra de arrancarte de mi lado.
Cuánto daño cabe
en las heridas que no se ven.
Cuánto duele lo que no se merece.
Te llevé entonces conmigo,
desoí el futuro y te llevé a otro sitio más amable,
tan diminuto, tan débil, tan hueso,
te arropé con tres mantas
y mis dos brazos tan escasos entonces,
te abrigué con el tiempo, te cubrí con mi mantra
–a los perros buenos no les pasan cosas malas–,
te guardé bajo este amor tan infinito, tan a cambio
de nada y todo, te guardé bajo el amor,
te velé, día y noche, semana y mes, te velé,
te prometí nieve y mar y sol si resistías, te prometí
lucha si aguantabas un poco más, un último esfuerzo,
acaricié todas las navajas que te perseguían,
custodié mi sueño con el tuyo, paré mi vida porque mi vida
estaba enferma, me negué a seguir sin ti porque tus ojos
me pedían otra cosa, me pedían otra cosa,
me negué a la muerte, la negué mientras te afirmaba a cada segundo.
Y tú me asentiste.
¿Escucharías la nieve? ¿Sería aquello suficiente para salvarte
igual que lo hizo conmigo?
Nos quedan tantos años, tantas batallas
y tantas victorias.
Quizás tengan razón y la muerte sea tu espada,
pero yo soy tu escudo.
¿Puedes verlo?
Somos tú y yo,
en la nieve, 
riendo juntos de nuevo.

Un bello texto que refleja a la perfección el vínculo de amistad y amor que podemos llegar a experimentar con los animales cuando forman parte de nuestra familia. Si tenéis o habéis tenido algún animal, seguro que os sentís reflejados en él, y si no os ayudará a comprender cómo es esta experiencia.

Fuente: Elvira Sastre

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