El síndrome de Alicia en el país de las maravillas y otros trastornos aún más extraños

Publicado 29 octubre, 2019 por Quique Zamorano
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¿Alguna vez has mirado a tu perro y te ha parecido del tamaño de un ratón? ¿Estás hablando con un amigo, de repente estira los brazos y ocupa todo el ancho de la habitación? Si te encuentras bien y no tienes ni una décima de fiebre, lo mejor es que acudas cuanto antes al médico, ya que puedes estar sufriendo el conocido como “síndrome de Alicia en el País de las Maravillas”.

Este curioso trastorno neurológico, que afecta a la percepción visual, se presenta en personas con agudos problemas de migrañas, epilepsia o lesiones cerebrales. Recibe su nombre de Lewis Carroll, el ilustre escritor del relato, quien se cree que lo padecía. La buena noticia es que se puede curar. Su tratamiento es el mismo que para la migraña, recetándose medicamentos anticonvulsivos o antidepresivos. Lo peor en sí no son sus causas físicas, sino el estado de alarma, paranoia y confusión que suele acarrear al que lo sufre.

Una ilustración del popular cuento. (Pixabay)

Una ilustración del popular cuento. (Pixabay)

Síndromes hay muchos y de todo tipo. Cabe establecer las diferencias entre síndrome y enfermedad, ya que en muchas ocasiones se usan indistintamente de forma errónea. Por un lado, la enfermedad debe presentar causas y síntomas, además de una serie de cambios reconocibles en el cuerpo; mientras, el síndrome puede no tener ninguna causa, no presenta alteraciones biológicas y, en muchos casos, se debe a un factor social.

Los más conocidos también vienen de la mano de fobias y son producidos por una respuesta irracional del cerebro o el cuerpo a ciertos elementos. Otros, como el de Tourette, desencadenan respuestas físicas incontrolables, en forma de tics nerviosos. También existen otros como el de Estocolmo, de índole social, el cual lo sufren personas que han estado expuestas a situaciones de mucho estrés o bien han sido secuestradas. Hoy veremos algunos de los síndromes más extraños descubiertos por la ciencia y la medicina, quizá aún más que el que hace referencia a la popular novela de Carroll.

El síndrome de París: depresión fulminante

Otro trastorno afincado en tierras orientales. Cada año, una media de doce turistas japoneses sufre depresión al viajar a esta capital del Viejo Continente debido al shock cultural que les supone, y también a causa del desengaño que producen películas que idealizan la ciudad y que nada tienen que ver con la realidad, sumida en el bullicio y ajetreo cotidiano. Lo descubrió un psiquiatra del país del Sol Naciente llamado Hiroaki Ota en 1986. Este problema se toma tan en serio que hay un servicio nipón de 24 horas en la ciudad para todo compatriota que la sufra.

El síndrome de Cottard: ese terrible miedo a morir

"Casa de locos", de Francisco de Goya. (Wikipedia)

«Casa de locos», de Francisco de Goya. (Wikipedia)

¿Alguna vez te has obsesionado con tu propia muerte? Esto va mucho más allá. A juzgar por sus efectos, debe ser un verdadero suplicio tener que vivir con él. Las personas con síndrome de Cotard tienen la sensación de estar muertas o de pertenecer a un plano de la realidad distinto del resto de los humanos y objetos. En muchos casos, los que lo padecen niegan estar vivos o bien creen que sus órganos están en fase de descomposición y que no les queda mucho más tiempo al lado de sus seres queridos.

El síndrome de Cappras: la realidad impostada

Bien daría para una película del gran Hitchcock. Las personas afectadas con este síndrome perciben sin motivo que sus más allegados han sido sustituidos por impostores. Se trata de un trastorno muy raro porque afecta a los aspectos subjetivos y emocionales de nuestra forma de reaccionar ante los estímulos exteriores. Así, los aquejados de este síndrome reconocen perfectamente el aspecto del familiar o del amigo en cuestión, pero algo en su interior les dice que ya no son ellos y que han sido sustituidos por otra persona.

El síndrome de Koro: ¿dónde está mi entrepierna?

El escritor estadounidense William S. Burroughs cuenta en su novela “El almuerzo desnudo” la historia de un hombre engullido por su propio ano. El síndrome de Koro, exclusivo de algunas zonas de China, India y el sudeste asiático, se parece relativamente a esta bizarra escena narrada por el escritor. El sujeto que lo padece cree que su pene se encoge hasta introducirse poco a poco en su abdomen y desaparecer. Además, suele venir acompañado de cuadros de ansiedad graves y ataques de pánico. Terrible.

El síndrome de Otelo: mucho más que una sospecha

Otelo y Desdémona, por Théodore Chassériau. (Wikipedia)

Otelo y Desdémona, por Théodore Chassériau. (Wikipedia)

Hoy en día, muchas personas viven obsesionadas con que su pareja les pueda llegar a engañar, pero esto va más allá. No son simples celos. Aquellas que padecen el síndrome de Otelo sacarán las teorías más descabelladas, casi de ciencia ficción, o las hipótesis más extrañas sobre la posible traición conyugal. Las consecuencias pueden ser muy graves para quien la padece como para el que le acompaña, ya que aparecen rasgos paranoicos y, en algunos casos, hasta esquizofrénicos.

El síndrome de Fregoli: paranoia y persecución

Este trastorno está un poco relacionado con el de Capgras, anteriormente mencionado, pero es aún más extraño: los pacientes creen que todas las personas que se encuentran a su paso son, en realidad, una sola. En vez de creer que las personas han sido sustituidas por otras, el síndrome de Fregoli convence a quien la sufre de que una sola personalidad lo está acosando y persiguiendo, de ahí que venga acompañado de síntomas y pensamientos paranoicos y manía persecutoria.

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