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Entregan el mismo curriculum con nombre de hombre y de mujer… ¿imaginas qué ocurre?

Creemos que la mujer ha logrado eliminar todas las barreras y equipararse con el hombre, pero no es verdad. Y para muestra uno de los experimentos más sencillos y esclarecedores de los últimos años.

¿Y si Jennifer se llamara John?

Shutterstock 

En los años 70 las mujeres ya representaban el 50 % de los estudiantes y licenciados universitarios. Sin embargo y en pleno 2010, solo el 30% de los empleados docentes son mujeres; apenas un 10%-17% si hablamos de puestos directivos. ¿Cómo es posible? ¿Es fruto de la casualidad, una consecuencia derivada de la maternidad, o quizás existan barreras sociales que impiden que la mujer se incorpore al mercado laboral con las mismas oportunidades que sus compañeros varones? 

En octubre de 2012 la Universidad de Yale diseñó un pequeño experimento para comprobarlo. Fabricaron dos curriculums ficticios con méritos idénticos, uno con el nombre de John y otro para una candidata bautizada como Jennifer. Ambos se enviaron a 400 profesores e investigadores de las 7 universidades más prestigiosas de EE.UU, pidiéndoles que evaluasen a estos recién licenciados para el puesto de jefe de laboratorio. 

CV de Jennifer – Universidad de Yale

De los 137 profesores que contestaron, casi todos consideraron que el candidato masculino era significativamente más competente que el femenino. Y no solo eso, sino que al comparar ofertas se ponía en evidencia que todos le ofrecían un mejor contrato, mayor salario y más recursos para desarrollar su carrera investigadora que los ofrecidos a Jennifer. 

En una escala de 1 a 7 (siendo 7 el máximo) los profesores dieron a John un 4 en competencia y un 3,3 a Jennifer. Y, además, ofrecieron salarios diferentes a ambos, siendo las medias: 30.328$ a John y 26.508$ a Jennifer.

El 70% de los profesores eran hombres y solo el 30% mujeres, lo que quiere decir que el sexo de los evaluadores no afectó a sus respuestas. Es decir, ambos exhibieron el mismo sesgo de género. 

¿Y ahora qué?

Shutterstock 

El experimento john y Jennifer se ha reproducido en numerosas ocasiones, países y ofertas de trabajo, y en todos ha puesto en evidencia la desigualdad  de oportunidades entre hombre y mujeres. Es por eso que varios gobiernos, entre ellos el Español, han propuesto que los curriculums vitae sean anónimos. Es decir, que en ellos no figuren: nombre, apellidos, género, estado civil, ni fotografía. 

Sin embargo, la crisis económica no solo ha frenado este tipo de iniciativas sino que ha desandado el camino logrado en materia de igualdad y derechos laborales. Esperamos que pronto puedan rescatarse, y volver a conquistar el terreno que hemos perdido.

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