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Esta es la cruda realidad que deben enfrentar las mujeres secuestradas por el Estado Islámico

No es ningún secreto. El autodenominado Estado Islámico secuestra cada año a cientos de mujeres, niñas y niños con la intención de esclavizarlos y comerciar con ellos. No solo son utilizados para atender los quehaceres domésticos de turno, sino para proporcionar favores sexuales. También las niñas, tal y como recogen sus manuales de terrorismo, en los que se explica los métodos que deben usar para someter a sus prisioneros y se dan recomendaciones e instrucciones que justifican este tipo de violaciones. Los niños son adoctrinados e incorporados como combatientes, algunos de ellos, pertrechados con cinturones bomba en contra de su voluntad.

“¿Está permitido tener relaciones sexuales con una mujer cautiva inmediatamente después de tomar posesión?” y “Si la cautiva femenina fue embarazada por su propietario, ¿puede luego venderla?” son algunas de las cuestiones que se especifican en el material terrorista según apunta el Instituto de Investigación Mediática de Oriente Medio.

Más de 5.000 mujeres, niñas y niños han sido secuestrados en la última década, solo algunos han logrado escapar. Estos son algunos testimonios.

Nazim, 22 años

Tras ser capturada, Nazim fue vendida a un terrorista que la convirtió en su esposa, violándola regularmente. Como al principio se defendía ferozmente, también fue golpeada hasta el extremo. Entre paliza, violación y paliza, era maniatada para evitar que no pudiera escapar, pero una vez logró zafarse. La atraparon a los pocos metros y, su marido, se pasó tres días completos pegándole. También la privó de comer durante una semana y apenas le daba agua.

Como terrorista, el marido/captor de Nazim cambiaba constantemente de población, llevando consigo a su malherida esposa. En Mosul, tuvo su segunda oportunidad de escapar. Hacía tiempo que se mostraba dócil, pero no había tirado la toalla y en un descuido giró una calle y subió a un taxi. Sabía que esta vez la matarían, pero su vida era tan miserable que prefería correr el riesgo. Se destapó y enseño su piel llena de moretones mientras suplicaba al taxista que la alejara de allí, que había sido secuestrada. El taxista no lo pensó dos veces y tranquilamente se alejó, también prestó su teléfono a Nazim para llamar a su hermano, quien le indicó que dirigiera hasta la base de la milicia kurda. Así fue como ganó de nuevo su libertad.

Ruba, 28 años

La historia de Ruba no es muy diferente. Ella y su sobrina, de 3 años, fueron raptadas por un hombre de Arabia Saudita, que trató de forzarla a casarse con él. El método para controlarlas fue el mismo: golpes, palizas y amenazas. Resistió y su captor decidió deshacerse de ellas. Fueron vendidas a otro hombre que intentó violar a Ruba, pero se defendió como si le fuera la vida en ello y, de nuevo, ambas fueron vendidas. En su nuevo destino, fue obligada a trabajar como servicio doméstico, pero la esposa de su nuevo dueño cogió gusto por maltratar a su sobrina, golpeándola y encerrándola en un cuarto sin agua. A la mínima oportunidad, escapó con su sobrina en brazos. La niña llevará en su piel las marcas de estas salvajes palizas toda la vida.

Shirin, 22 años

Shirin fue vendida a un albanés que la llevó a una casa comunal, donde vivían cinco familias. Además de tener que trabajar en casa, también fue obligada a proporcionar servicios sexuales a todos los hombres que vivían en la casa, maridos e hijos mayores. Unos meses después, fue vendida a una familia en Siria, donde tuvo que encargarse del cuidado de varios niños, allí tuvo la suerte de escapar. Una vez en la calle, pidió ayuda a un transeúnte y llamó a su hermano, que le envió dinero para regresar a casa.

Amina, nombre ficticio y edad desconocida

Amina fue raptada junto a sus dos hermanas y trasladadas a la cárcel de Badosh y luego a Mosul, allí las separaron. Una fue vendida a Mosul, ella a Siria y no sabe qué fue de su tercera hermana. Terminó en Raqqa donde logró hacerse con un arma y matar a su captor. Pasaron los días, y muerta de hambre, se acercó a pedir ayuda a otras mujeres presas, siendo de nuevo capturada. No la reconocieron y fue vendida por 1.000 $ a un militar saudí. Poco después descubrió que estaba embarazada y escapó. Huyó hasta Mosul en busca de su hermana, pero fue atrapada y llevada a una casa de mujeres. Allí todas eran violadas por los soldados, pero ella, debido a su prominente vientre no fue tocada. Tras varias semanas allí, fue hasta la ventana del baño pensando en escapar, un vecino de Mosul la vio y decidió ayudarla. Antes fue a ver a sus compañeras para convencerlas de escapar con ella, ninguna quiso, tenían demasiado miedo.

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