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¿Te pones de mal humor cuando tienes hambre? Esto es lo que la ciencia acaba de descubrir

¿Estás hambriento y de mal humor? No te preocupes, no eres un cascarrabias. De hecho, esta combinación es bastante habitual y forma parte de los mecanismos que tiene el cuerpo humano para lograr sobrevivir y encontrar sustento. 

Hambriento y malhumorado

Pixabay

Los hidratos de carbono, proteínas y grasas de todo lo que comemos se descomponen en azúcares simples (como la glucosa), aminoácidos y ácidos grasos libres para ser procesados. Estos nutrientes pasan a través del proceso de digestión hasta el torrente sanguíneo para ser distribuidos por todo el cuerpo y quemados. 

A medida que pasan las horas y el nivel de nutrientes en sangre disminuye, las actividades orgánicas se resienten. El cerebro percibe esto como una amenaza y comienza a segregar una serie de sustancias para activar la sensación de hambre y forzarnos a reponer fuerzas. Sin embargo, no es su único truco.

Los receptores Y e Y1

El cerebro ordena la producción de un conjunto de sustancias y hormonas para contrarrestar la falta de glucosa, como el neuropéptido receptor Y1 relacionado tanto con los comportamientos de alimentación voraces, así como con los de la ira y la agresión.

Las personas con altos niveles de neuropéptido Y e Y1 en el líquido cefalorraquídeo también tienden a mostrar altos niveles de agresión impulsiva. 

Este neuropéptido también provoca la segregación de hormonas como la adrenalina y el cortisol, relacionado con el estrés y la respuesta de lucha/huida.

Pelear por el alimento

Es decir, cuando estamos hambrientos, estamos más dispuestos a discutir y luchar por la comida. Un mecanismo que tiene mucho sentido en la naturaleza, donde el alimento es escaso e impera la ley del más fuerte. 

Cuanto mayor sea el hambre, más irascible será nuestro comportamiento, pudiendo desencadenarse diversas situaciones violentas.

En la sociedad actual, donde el hambre puede saciarse fácilmente, el neuropéptido Y1 solo produce pequeños roces y discusiones con las personas que suelen acompañarnos durante nuestras horas de comida, habitualmente nuestra pareja, compañeros de trabajo o los niños

Los investigadores Universidad Estatal de Ohio trabajaron con 107 parejas en un transcurso de 3 semanas, y descubrieron que cuando sujetos presentaban niveles bajos de azúcar en la sangre, mostraban comportamientos hostiles o agresivos contra su cónyuge.

El estudio va incluso más allá de la hostilidad, relacionando el hambre y los comportamientos agresivos con la violencia doméstica. Aunque no sería el único factor, el autocontrol necesario para dominar nuestras emociones requiere de gran energía. Si los niveles de glucosa y energía disponible son bajos, es más probable que se pueda desencadenar una agresión. 

No sabemos si la relación entre hambre, mal humor, ira, enfado y agresión es tan sutil e intensa como el estudio parece sugerir, lo que si es cierto es que parecen estar estrechamente relacionados. 

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