Un científico ruso intentó crear un híbrido entre el chimpancé y el humano de la peor forma posible

Publicado 5 marzo, 2021 por Alberto Díaz - Pinto
hombre-mono
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Hay personas que, según ha demostrado la historia, hubiera sido preferible que nadie les alentara a conseguir sus sueños. Hitler, por ejemplo. Aquí también incluiríamos al científico que deseaba crear un híbrido de hombre y simio.

Por desgracia, nadie le dijo a Iliá Ivánovich Ivanov en su juventud que se rindiera. Ivanov fue un biólogo ruso nacido en 1870, quien obtuvo grandes logros en el campo de la inseminación artificial veterinaria, de la que se esperaban grandes cosas.

Sin embargo, a principios del s. XX, la hibridación era toda una rareza, tanto en animales como en humanos. Después de todo, no contaba con la aprobación eclesiástica, ni de los propios científicos, ya que muchos creían que durante la inseminación artificial se perdería algún factor biológico esencial presente durante el coito.

Hoy conoceremos hasta dónde llegaron las macabras prácticas de Ivanov y cómo el régimen soviético se interesó por su trabajo para crear un ejército invencible de hombres mono. Comencemos:

Los primeros trabajos

A principios del s. XX, Iliá Ivanov había perfeccionado la inseminación artificial, la cual usaba para la cría de caballos. Demostró que esta técnica permitía a un semental fertilizar a 500 yeguas (en lugar de 20 o 30 de forma natural). Los resultados fueron sensacionales para su tiempo, y por eso los criadores de caballos de todo el mundo acudían a él.

Pero Ivanov también fue pionero en la inseminación artificial para obtener híbridos. Sus prácticas en París y San Petersburgo, le habían conducido a la creación de nuevas especies: como el «cebroide», un ser entre la cebra y el burro; el «zubrón», un cruce de vaca y bisonte; así como otras hibridaciones menores sin nombre y para las que usó ratas y ratones, conejos y liebres, e incluso antílopes y vacas.

Sin embargo, sus estudios más polémicos fueron sus intentos de crear un híbrido hombre-mono mediante la inseminación artificial, presentados en 1910 durante el Congreso Mundial de Zoólogos.

oliver el mono hibrido

Karlshuker – Artículo sobre Oliver en un periódico de la época

Pero Ivanov no fue el primero en soñar con esto, y no sería el último. De hecho, ha habido afirmaciones de híbridos entre humanos y simios mucho después de la época de Ivanov. Uno de aquellos animales fue Oliver. Este fue un chimpancé que caminaba erguido y cuyos promotores lo promocionaban como un híbrido, hasta que los científicos demostraron lo contrario. Si recuerdas, ya vimos esta apasionante y triste historia hace algún tiempo y te invitamos a revivirla.

Un ejército de hombres mono

Oliver el chimpancé humano

Oliver, «el chimpancé humano» / wikipedia

La oportunidad de Ivanov llegó en 1924, años después de la Revolución Rusa y cuando trabajaba en el Instituto Pasteur, gracias al apoyo del político soviético Nikolai Gorbunov. Este recomendó las investigaciones de Ivanov por «la posibilidad de que un ejército de hombres-simio avanzara de manera exitosa contra las tropas fascistas y liberales de Europa y Estados Unidos».

Así fue como en 1926 el científico comenzó sus más que cuestionables prácticas en la región africana de Kindia. Allí experimentó con 3 hembras de chimpancé, a las que inseminó con esperma humano. Sin embargo, Ivanov no obtuvo resultados, por lo que solicitó una autorización para poder trabajar con mujeres guineanas. Su intención era inseminarlas con esperma de chimpancés, sin su conocimiento. Sin embargo, jamás obtuvo tal permiso.

Tras su regreso a la Unión Soviética, Ivanov siguió experimentando con reclusas, pero tampoco obtuvo resultados.

Su última oportunidad, pues estaba empezando a agotar la paciencia de quienes habían depositado su confianza en él, le llegó cuando recibió permiso para trasladar su investigación a orillas del Mar Negro, en la ciudad de Sujumi. Ivanov creía que aquel clima templado sería más ventajoso para sus experimentos.

Gorbunov le consiguió cuatro chimpancés y un orangután. Mientras llegaban, Ivanov encontró a cinco voluntarias de Sujumi, a las cuales terminó convenciendo de que su contribución a la ciencia sería recompensada por el propio Stalin. Sin embargo, los simios llegaron enfermos y el único que sobrevivió murió poco tiempo después, por lo que tampoco pudo llevar a cabo dichos experimentos.

El fin de una macabra utopía

beso del el planeta de los simios

Captura de El planeta de los Simios

Al final Ivanov agotó la paciencia de sus antiguos camaradas, convirtiéndose en centro de críticas políticas, por lo que fue arrestado por la policía secreta en 1.930 y condenado a un exilio 5 años de exilio en Almati, Kazajastán. Allí trabajó para el Instituto Veterinario Zoólogo, hasta su muerte a causa de un derrame cerebral dos años después.

Gorbunov, por su parte, también fue detenido y condenado a muerte. Sin embargo, aquel ejército de hombres mono solo fue uno de los muchos cargos que se le atribuyeron.

Las voluntarias de Ivanov en Sujumi fueron encontradas por la policía secreta y ejecutadas para que jamás revelaran la oscura misión para la que habían sido reclutadas.

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