¡Jamás imaginé que aún estaría soltera!

Por: Sara de Abreu

Honestamente, jamás imaginé, que a mis veinticinco años de edad estaría soltera. Creo que es la primera vez en mucho tiempo, que me siento en mi sofá a pensarlo seriamente mientras echo un vistazo por la ventana. Usualmente veo a muchas de mis amistades siendo felices, sonriendo, divirtiéndose casi todos los días. Mientras, ¿qué hago yo?

Yo los observo con una sonrisa en mi boca que honestamente no sé, si es por felicidad o pena. Muchas veces he intentado hacer lo mismo que ellos pero, me detengo a pensar: ¡Oye, Sara basta! Tú no tienes novio. Por lo tanto sería una completa locura ir al cine de manera solitaria, comer sola, mandarme peluches y regalos yo misma, mirarme al espejo, sonreír y besarme. Llegar al punto de comprarme dos helados y, pretender que hay alguien más cuando realmente no es así. Levantarme una mañana y enviarme mensajes espectaculares de buenos días, mensajes de amor, de esos que llenan el alma. En algún momento de mi día probarme algo de ropa y gritarme a mí misma: ¡No! ¡No! ¡No! Ni creas que saldrás con ese vestido inapropiado, ¡Ten! Usa estos jeans, no quiero que nadie te vea.

Y, entonces es allí donde me detengo y hago un pequeño paréntesis, el silencio se apodera de mi boca, mi mente se detiene a pensar por un segundo, sonrío y digo: – ¿Qué es lo que pasa por mi mente? ¿Acaso mi felicidad depende de alguien más? ¿En serio? WOW ¡! Realmente estoy mal.

Qué bueno que una parte de mí recuerde lo bonito que es el amor, lo lindo que se ven muchas parejas al estar “Enamorados”. Otra parte de mi recuerda que no siempre es lo que parece, que yo misma presencie en esas relaciones amorosas el orgullo, rencor, infidelidad, odio, envidia, adulterio y codicia que había. La necesidad que tenían aquellas parejas de que el mundo supiese lo feliz que supuestamente estaban, era lo primordial para ellos, aun sin importar si en realidad lo eran. Ok! Nuevamente hago un paréntesis y, esta vez del tamaño de mi cabezota. Ahora veo que todo tiene sentido. Sin burlarme o sentir orgullo de la desgracia ajena, simplemente he comprendido que: No necesito que mi felicidad este en las manos de alguien más, mi felicidad tiene que empezar por mí. He aprendido a esperar el amor. Ya llegará el momento adecuado para que la persona ideal comparta la belleza de la vida a mi lado. Mientras, sé que puedo ir al cine, comer helado y disfrutar de mi soltería sanamente, recordando que no debo tener a cualquier persona a mi lado sólo por complacer a la humanidad, o por el simple “placer” de que los demás vean una felicidad ficticia.

Deseo tener una familia perfecta, pero ahora sé que puedo ser feliz mientras ese momento llega, teniendo paz, paciencia y creyendo plenamente que desde los inicios de mundo hay un plan dedicado especialmente para mí. Nací con propósito y todo saldrá bien.

Honestamente jamás imagine que sí, puedo ser feliz con mi soltería mientras tanto. ¡Claro! Sin besarme en el espejo.

Sara De Abreu.

Publicado en Relatos