En un pequeño y escondido pueblo había una casa abandonada sobre la que se contaban muchas historias. Un día de Halloween, cuatro amigos: Raúl, Fran, Carolina y Lorena, se acercaron para inspeccionar, pero antes de entrar escucharon un grito y decidieron marcharse. Por la noche, a la hora de pedir caramelos, ellos se seguían preguntando quién podía haber estado en aquél lugar y decidieron acercarse de nuevo. No era aún las 12 de la noche, pero al llegar sintieron un escalofrío; entraron y cuando iban caminando, una muñeca de porcelana cayó en su camino; no pareció espantarles y siguieron el rumbo; encontraron dos sillas frente a una chimenea donde había una vela y una caja de música que de la nada se abrió y empezó a sonar.

Asustados, buscaron la forma de salir, pero unas sombras los alcanzaron y ahí comprendieron todo: como en una película, pudieron ver a una niña de unos once años jugando a la ouija mientras sus papás estaban abajo haciendo caricias a su hermano, un bebé; en lo que pareciera un impulso, ella tomó un hacha y bajó a la sala donde mató a sus padres y hermano. Los cuatro niños comprendieron que la niña se sentía celosa por el robo de atención y decidió vengarse. Cuando intentaron salir, dicen que la infanta los maldijo, y desde entonces, cada noche de Halloween, Raúl, Fran, Carolina y Lorena visitan esa casa y pasan horas “jugando” con el espíritu.

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