La doble atadura psicológica: Cuanto más te quejas de tus problemas, más problemas tienes

Publicado 18 junio, 2019 por Vanessa
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Tal como explica la psicóloga Jennifer Delgado, la doble atadura psicológica es una situación en la que cuanto más damos de nosotros mismos para solucionar un problema, más complicado se hace. Es decir, que si nos esforzamos mucho por deshacernos de una sensación, de un recuerdo o de un sentimiento, lo estamos reforzando en realidad. Al final, nos resultará más complicado conseguir lo que queremos.

Según Alan Watts, la doble atadura psicológica se resume en que creamos un problema intentando resolverloafligirse porque uno se aflige y temer al temor.  Mientras que por dentro pensamos que estamos buscando la solución a un problema, lo único que estamos haciendo es tapiar las salidas y hacer que cada intento sea más complicado porque hay nuevos obstáculos y el problema es más grande.

Deja de quejarte

Las quejas son un ejemplo muy bueno y frecuente para poder entender cómo funciona este mecanismo. Quejarse no solo es expresar el descontento que sentimos, sino que aumenta la dificultad del problema ante el que estamos porque nos centramos solo en los obstáculos y en sus consecuencias.

Básicamente, expresar una queja es ponerse una venda negra en los ojos mientras deseamos ver el mundo en alta definición. Desarrollamos una versión muy negativa de lo que nos ocurre, lo cual nos impide solucionar aquello que nos preocupa y nos deja completamente paralizados en una espiral de malos pensamientos.

Los lamentos hacen que, además del problema concreto, tengamos otro problema: el de nuestra actitud ante las circunstancias. Tanta negatividad impide encontrar soluciones, nos convierte en personas poco eficientes que terminan en un callejón sin salida. Quizás por este motivo se llama doble atadura psicológica. Lo único que te ata eres tú mismo.

Evita los pensamientos negativos recurrentes

Existen muchas otras situaciones en la vida cotidiana en las que nos maniatamos a nosotros mismos psicológicamente. Otra de estas es el caso de los pensamientos recurrentes negativos. Cuando queremos dejar de pensar en un tema, una persona, una situación, o cualquier otra cosa, nos centramos tanto en ello que terminamos reforzándolo. Activamos un mecanismo de hipervigilancia para detectar el mínimo pensamiento que cruce nuestra mente sobre aquello que queremos evitar, haciendo que sea más complicada esa tarea.

En conclusión, cuanto más intentas dejar de pensar en aquello que te preocupa, más pensarás en ello.

Deshazte de la doble atadura psicológica

la doble atadura psicológica

La clave para deshacer la doble atadura psicológica está en el principio de Wu-Wei, también llamado no-acción. Si quieres deshacerte de un pensamiento, lo mejor que puedes hacer es dejar que todo siga su curso. Si no te esfuerzas en apartar una idea de tu cabeza, antes o después desaparecerá al no prestarle atención. Nuestra mente es inteligente y salta de un pensamiento a otro sin aferrarse a ninguno, por lo que no te esfuerces en apartar un pensamiento de ella.

Según un estudio realizado en la Universidad de Wisconsin, las personas que intentan reprimir de forma activa sus pensamientos y terminar por suprimirlos, se estresan más por eso mismo. En cambio, aquellas personas que aceptan de forma natural aquellos pensamientos intrusivos y aquellos problemas que se les presentan, tienen menos ansiedad y menos depresión porque no se obsesionan tanto con ellos.

En la Universidad de Toronto también se ha estudiado esto mismo. Las conclusiones a las que llegaron en este caso indican que las emociones siguen el mismo curso que los pensamientos. Aceptar las emociones, ya sean positivas o negativas, reducen su intensidad, permitiéndonos pasar página más rápido, vivirlas de una manera más sana y sentir menos sufrimiento.

Aplica la aceptación radical

En conclusión, lo mejor es no alimentar el miedo con más miedo, la preocupación con más preocupación o la tristeza con más tristeza. Tampoco es bueno centrarse en evitar algo, ya que de forma indirecta nos centramos en lo que tenemos que evitar, potenciándolo.

Si nuestra actitud es la aceptación radical, asumiendo aquello que pensamos, sentimos, o nos sucede sin alimentarlo, las emociones, pensamientos y problemas serán más sencillos de evitar y resolver. Se trata de separarnos a nosotros mismos de aquello que creó el problema, que muchas veces es nuestra propia mente, y así solucionarlo.

El pánico a la hora de escapar de la telaraña hace que la mosca sea cada vez más prisionera.

 

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