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La dramática historia de la atleta que no soportó la presión y acabo como prostituta

El deporte es un mundo lleno de luces y sombras. En el que abundan las historias de superación, casi tanto como los escándalos.

Por cada historia de vida sobre un hombre o mujer que consiguió enfrentarse la adversidad y batir un récord, encontrarás varias sobre personas que tomaron atajos y malas decisiones.

Y es que la presión que sufren algunos deportistas y la ambición de algunos entrenadores acaban por romper a estos atletas, tal y como ocurrió con la historia de 8 mujeres del deporte que tomaron anabolizantes, a veces sin saberlo.

El último escándalo

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Esta semana el mundo del deporte se ha visto sacudido por la increíble historia de la atleta estadounidense Suzy Favor Hamilton, quien tras competir en 3 juegos olímpicos, no fue capaz de aguantar la presión y terminó sumida en una espiral depresiva que le llevó a convertirse en prostituta.

Con nueve años de edad, Suzy comenzó su entrenamiento en la escuela de atletismo, donde desarrolló una carrera meteórica que le permitió entrar a formar parte del equipo olímpico estadounidense de 1992.

Sin embargo, y a pesar de las múltiples revisiones médicas que se llevan a cabo en este medio, nadie reparó en que Suzy sufría un desorden bipolar.

“Entrar a formar parte de mi primer equipo olímpico fue una experiencia increíble, mis emociones estaban por lo alto, pero cuando llegaba el momento de competir, era como si no pudiera aguantarlo. Pensé que mi mente andaba mal, pero no sabía entonces que tenía una enfermedad mental”.

La presión

Conforme los años pasaban, el ambiente se hacía más y más competitivo. Todo el mundo la animaba, la congraciaba y le recordaba que ganaría; la presión era tan grande que Suzy sufría pesadillas y ataques de pánico.

Perder le aterrorizaba, y así es como en el los juegos Olímpicos de Sidney del año 2000, la atleta fingió deliberadamente una lesión cuando comprendió que no ganaría una medalla.

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“Poco antes de salir a la pista recuerdo cómo me enfocaban las cámaras de televisión y comencé a sentirme muy agobiada. Pensé: ‘¿por qué no me dejan en paz?’. Estaba nerviosa, pero puse buena cara y me dije a mí misma: ‘pasará en 4 minutos'”.

Sin embargo, durante la carrera Suzy no pudo soportar la presión y entró en pánico.

“Estaba liderando los primeros 100 metros, pero a los 200 ya había entrado en pánico. A cada paso, sentía que mis piernas me traicionaban. Cuando una de las corredoras me adelantó, pensé que ahí se escapaba la medalla de oro; cuando vi que ya no iba a ganar ninguna, me desplomé”.

“Fingí un ataque –confiesa– para tener una excusa, en vez de admitir mis debilidades”.

Ese fue el principio del fin, no solo de su carrera deportiva, también en su vida personal.

Depresión, bipolaridad y un mal diagnóstico.

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Visiblemente abatida, Suzy comenzó un tratamiento médico contra la depresión que no hizo sino empeorar la situación.

“Me dieron un tratamiento incompatible con el desorden bipolar, la enfermedad que sufro, pero que aún nadie me había diagnosticado. Para ellos solo era depresión.  Esos fármacos afectan a las personas bipolares haciéndoles perder las inhibiciones y desarrollando hipersexualidad. Yo no me preocupaba por ello, solo me sentía mejor, más viva, encendida y encantada”.

Así comenzó una extraña sucesión de acontecimientos que le hicieron entrar en el mundo de la prostitución.

Una persona, dos vidas

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Primero quiso hacer algo diferente y tener relaciones sexuales fuera de su matrimonio, algo que hizo de mutuo acuerdo con su marido.

Durante el primer encuentro con un prostituto, algo se encendió en su mente.

“Pensé: ‘yo quiero hacer lo que hace él. Debería ser yo quien le cobrara por esto'”.

 

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El fin de semana siguiente Suzy viajó a Las Vegas y allí creó a Kelly, otra persona.

“Cuando estaba en Las Vegas yo era Kelly. Era como si fuera de verdad, la persona que quería ser.

No es que deseara ser prostituta, era como me sentía, cómo controlaba esa vida que yo misma había diseñado. Kelly era una persona confiada, empoderada, que tenía voz y representaba lo opuesto a lo que había sido”.

“Inconscientemente me estaba rebelando contra la vida represiva que había llevado como atleta olímpica, y cada vez que hacía un cliente era como si ganara una carrera”.

La guerra entre Suzy y Kelly.

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La atleta comenzó a frecuentar asiduamente Las Vegas, hasta el punto de pasar un mes completo en la ciudad alejada de su marido y su hija.

“Al principio ganaba 400 $ por hora, pero a medida que mejoré mis habilidades comencé a ganar 1.200$, y eso lo hacía más excitante”.

“Me sentía bien y no quería dejar esa vida de deshinibición y placer. Había encontrado una felicidad que nunca había tenido, y volver a ser Suzy suponía volver a ser la persona que asociaba con tanto dolor”.

Sin pensárselo demasiado, Suzy comenzó a confesar a algunos clientes quién era en realidad, una famosa atleta olímpica, creyendo que ninguno la delataría. Este hecho no hacía más que aumentar el deseo de sus clientes hacia ella, hasta que uno se enamoró.

“En 2012 un poderoso empresario, se enamoró de mí y pensó que podía casarse conmigo y rescatarme. Sin embargo, yo no quería ser rescatada; era feliz y lo rechacé. Como represalia, este hombre reveló a un periódico que yo era una atleta olímpica, y que estaba llevando una doble vida como prostituta”.

De la euforia a la más absoluta desesperación

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Después de que la historia saliese en los medios de comunicación, Kelly y su anonimato murieron con ella. La presión, el escarnio público y la vergüenza renacieron con más fuerza.

“Me sentí arruinada, una gran soledad y recuerdo haber colapsado. Me encerré en un baño en cuclillas sin saber qué hacer. Pensé en quitarme la vida porque pensaba que todo se había terminado para mí”.

Fue entonces cuando pidió ayuda y su esposo se mantuvo a su lado. Lo más difícil fue explicar a sus padres y familiares lo que ocurría y la visita a un especialista, quién por fin le diagnosticó el desorden bipolar. Con la medicación correcta, las sesiones de terapia y el apoyo de su familia, Suzy ha conseguido dejar su pasado atrás.

“Soy bipolar y tengo días buenos y otros malos. Estoy aprendiendo a vivir con ello y a enfrentarme a la vida, en vez de refugiarme en el sexo. Kelly no se ha ido del todo, pues hay partes de ella que van a esxitir siempre: su confianza, coraje, fortaleza y su capacidad para alzar la voz. Me encanta esa parte de Kelly y no quiero perderla”.

Fuente: BBC.com

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