En una época de cambios importantes la zona Norte de Veracruz era invadida por nuevos aires de progreso en el cual se tendió una vía de comunicación entre Cobos en el puerto de Tuxpan hacia la congregación de Furberos cercano al municipio de Coatzintla, Veracruz. Una leyenda, documentada, dice que allá por 1927 y hasta 1932 sobre esta área  “volaba” una luz brillante. Muchos trabajadores de la compañía El Águila, que tenían que transitar por esa ruta la habían visto.

Años antes que se estableciera el campo Poza Rica, por el año de 1927,  se empieza a correr entre los habitantes y trabajadores que una bola de fuego se veia entre los kms 44 al 59 donde hoy en la ciudad de Poza Rica seria el area que comprende donde se ubicaba el complejo Petroquimico y la colonia Santa Emilia.

En esa epoca el superintendente  de la compañía El Águila, Ricardo Olloqui tomo la desicion de salir a investigar este fenómeno, saliendo en un vehículo denominado autovía que corría por los rieles, con capacidad para cuatro pasajeros y que la compañía le había asignado para su uso exclusivo.

Junto a Alejandro Lavoignet, empezaron a recorrer las vías hasta llegar al tramo donde se veía ya cerca de las ocho de la noche, cuando de pronto se apareció frente a ellos, trataron de alcanzarla pero sin resultado favorable, hasta perderle de vista, al poco tiempo volvió a parecer pero por la parte de atrás a donde de reversa intentaron de nuevo alcanzarla. Nunca mas pudieron volver a verla.

Tiempo despues se tiene referencia en el libro El alma de mis pueblos, del autor Israel Oscar Bautista, hay una nueva referencia sobre la presencia de estas luces sobre la vía. por medio de un hombre llamado Santos López que “pertenecía a un grupo de facinerosos” y Juan Rodríguez Pinto, violento hijo, esposo y padre, los cuales venían caminando por la vía tras haberse embriagado en Poza de Cuero.

Los tipos venían gritando, cantando e insultado a todo mundo, pero al llegar frente a lo que hoy es el Parque Juárez vieron venir unas luces: era un kalamazo que a punto estuvo de atropellarlos; segundos después vieron nuevamente que se acercaban las luces, pero esta vez no era del vehículo: Aquel resplandor se detuvo a un metro de ellos los cegó “y luego girando los empezó a rodear”, luego “La bola de fuego con su luz brillante de gran fuerza los empujó, dejándolos como a cinco metros de la vía, inmóviles, sus voces eran quejidos, lamentos”.
Los tipos gritaban a la luz que los dejara libre y que ya no le harían mal a nadie y se desmayaron. A la mañana siguiente regresaron en silencio a sus casas.

A partir de ese día los hombres “cambiaron de personalidad, Juan trabajador ejemplar; Luis bondadoso ciudadano, dedicado al oficio de carpintero”.

Sinesio Capitanachi revela que en 1932 cuando se fundó el campo petrolero Poza Rica la luz seguía flotando sobre la vía pero después de 1935 cuando el tráfico sobre la vía se intensificó ya no se le vio más, nadie ni los maquinistas, ni los campesinos que habían llegado antes que los petroleros supieron explicar qué la generaba.

PROYECTO 21

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