Merece la pena el tiempo empleado para hacerle la primeras papilla al bebé, el príncipe o princesa de la casa se lo merece

Algunos padres prefieren y eligen alimentos infantiles ya preparados, damos razón a que son prácticos, rápidos y de buena calidad. Pero desde aquí nos decantamos en gastar un poco de tiempo y energía en papillas hechas en casa.

La razón es que son más frescas porque están recién ellas y porque escogeremos productos del día. Las verduras, la carne, el pescado, nos preocuparemos como es evidente de que estén en su máximo esplendor para servírselo a nuestro pequeño.

Deben ser cocidos y consumidos en el acto, aportando de esa manera todos sus nutrientes.

Las papillas echas en casa deberían representar un medio insustituible para la educación nutricional del bebé, mostrando los gustos del niño y sus preferencias, ya que les permite entrar día a día en contacto con el sabor natural de los ingredientes, descubriendo colores, olores y texturas.

De esta forma conseguimos que el pequeño interactúe en mayor medida con la comida y gane en experiencia con alimentos naturales, ya empezará a forjar sus preferencias.

La textura de las papillas caseras puede ser regulada por los padres, capaz de dejarla más cremosa o densa, con trocitos diminutos o más grandes.

Una buena variedad en su menú, con diferentes texturas habituará al peque a una mayor persidad, despertando su curiosidad y sus ganas de experimentar.

Esto será el punto de partida hacia una alimentación correcta que le permite probar un poco de todo.

Ya sabemos que hacer la papilla en casa requiere tiempo, lavar, pelar, cortar, mezclar. Sabemos que el tiempo que disponemos puede ser muy justo, para facilitarnos esa lavor el mercado nos echa una mano con pequeños electrodomésticos multifunción, los cuales podremos dar rienda suelta a la imaginación elaborando papillas al gusto.

Papillas sencillas, más sabrosas y ¿porque no? ¡Para toda la familia!

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