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Los cerebros de estos tres hombres cambiaron la neuropsicología para siempre

La Vanguardia

Hace cincuenta años el neurólogo Norman Geschwind publicó su trabajo Síndromes de desconexión en los animales y el hombre, en el que argumentó que muchos trastornos y lesiones cerebrales podrían entenderse mejor en términos del daño causado a las vías de materia blanca que conectan diferentes áreas del cerebro.

Para conmemorar su aniversario, un equipo de investigadores ha usado técnicas modernas de neuroimagen para revelar, en un artículo para Cerebral Cortex, el posible daño en la conectividad cerebral que sufren tres de los casos de lesión cerebral más famosos de la Historia.

Estos tres personajes han tenido una gran influencia en la neuropsicología y sus historias continúan intrigando a cada nueva generación de estudiantes. Lo particularmente intrigante de sus historias es que siguen evolucionando con las evidencias que salen a la luz gracias a las nuevas tecnologías. Los nuevos modos de estudio cambian la forma en que se interpretan y comprenden los siguientes casos, aportados por Research Digest.

Phineas Gage

La Vanguardia

Un día, en 1848, en el centro de Vermont, Phineas Gage estaba colocando explosivos en el suelo para preparar el camino para una nueva línea de ferrocarril y sufrió un accidente terrible. La detonación se disparó antes de tiempo y un hierro le golpeó la cara, atravesándole la cabeza a través de su cerebro.

Sorprendentemente, Phineas sobrevivió aunque se convirtió en un hombre apático y agresivo. Hasta hace unos años, la historia solía concluir con que los daños en la zona frontal del cerebro afectaban a la personalidad. Sin embargo, la historia ha sido reevaluada y se han tenido en cuenta nuevas pruebas que afirman que Phineas terminó rehabilitándose y trabajando como conductor de carruajes en Chile.

Una simulación de sus lesiones sugería que gran parte de su córtex frontal derecho se habría salvado y se han desenterrado imágenes que muestran a Phineas apuesto tras el accidente, por lo que esto pudo haber sido perfectamente viable.

Louis Victor Leborgne

El Mundo

Hoy en día los estudiantes de Psicología tienen muy claro que la función del lenguaje es servida predominantemente por la corteza frontal izquierda. En cambio, a principios del siglo XIX la creencia general era que la función del lenguaje y la de la memoria se repartían entre diferentes zonas del cerebro.

Un paciente del siglo XVIII que ayudó a cambiar este punto de vista fue Louis Victor Leborgne, apodado “Tan” porque este era el único sonido que podía pronunciar, junto con otra frase apelando a Dios.

En 1861, Leborgne fue remitido, a la edad de 51 años, al famoso neurólogo Paul Broca, pero murió poco después. Broca analizó post mortem el cerebro y notó una lesión en el lóbulo frontal izquierdo, concretamente en un segmento de tejido que actualmente se conoce como el área de Broca.

Dada la deficiencia en el habla de Leborgne, el cual en cambio comprendía el lenguaje perfectamente, el neurólogo concluyó que esta área del cerebro era responsable de la producción del habla y persuadió al resto de la comunidad científica.

Durante décadas, poco se supo de la aportación de Leborgne a la neurología, pero en 2013 Cezary Domanski, de la Universidad Marie Curie-Sklodowska de Polonia, publicó un artículo con detalles biográficos desconocidos hasta la fecha.

Henry Molaison

La Vanguardia

Henry Gustav Molaison, más conocido como H.M. para proteger su privacidad, siempre será recordado por su contribución a la ciencia con su extraño caso.

Molaison desarrolló una amnesia severa a los 27 años después de someterse a una cirugía cerebral como forma de tratar su epilepsia. Posteriormente fue estudiado por más de cien psicólogos y neurocientíficos y mencionado en más de doce mil artículos de revistas especializadas.

La cirugía de Molaison implicó la eliminación de grandes partes del hipocampo en ambos hemisferios de su cerebro, y el resultado fue que casi no pudo almacenar información nueva en la memoria a largo plazo. La extremidad del déficit de Molaison sorprendió a los expertos porque muchos de ellos creían por aquel entonces que la memoria estaba distribuida por toda la corteza cerebral.

Su cerebro fue cortado y preservado y se convirtió en un atlas digital 3D. Además, la investigadora Suzzane Corkin escribió una novela sobre él: Permanent Present Tense, The man with no memory and what he taught the world (Tiempo presente permanente: El hombre sin memoria y lo que enseñó al mundo.)

Nuevas aportaciones

neuropsicología
Digest – Áreas lesionadas en los cerebros de los tres hombres

Recientemente, un equipo internacional de investigación, como mencionábamos anteriormente, ha arrojado nueva información sobre qué zonas del cerebro estaban dañadas en cada uno de los tres casos.

Para el caso de Gage, los científicos utilizaron una tomografía computarizada tomada de su cráneo por investigadores en 2004 y mapearon los signos de lesión en una simulación de su cerebro. Para el de Leborgne, una imagen de un resonancia magnética tomada en 2007, y para el cerebro de Molaison usaron una imagen de resonancia magnética tomada mientras estaba vivo en 1993.

Con los datos obtenidos de los cerebros de 129 voluntarios sanos combinados, los investigadores crearon un mapa detallado de las vías conectivas del cerebro humano promedio usando imágenes de tensor de difusión para trazar los tejidos conectivos. Después aplicaron la información sobre el daño cerebral ocasionado en los tres casos famosos al mapa de ruta de las vías conectivas del cerebro humano para ver qué partes importantes probablemente se vieron afectadas.

En el caso de Gage, los investigadores estimaron que sufrió un daño generalizado en varias vías conectivas en sus lóbulos frontales, más allá del daño específico causado por la barra de hierro. Estas vías incluyen el fascículo uninado, las redes frontales de intralobares y la red frontal-estriatal-talamal-frontal, con posibles implicaciones para su toma de decisiones y su funcionamiento emocional.

Mapeando las lesiones cerebrales de Leborgne en la hoja de ruta de conectividad, los investigadores estimaron que sufrió daños extensos en muchos tractos, incluidos casi todos los tractos dorsolaterales del hemisferio izquierdo, que tendrían implicaciones importantes para su función del lenguaje, además de los efectos causados por el daño localizado en la que ahora se conoce como área de Bronca en el lóbulo frontal izquierdo. Los investigadores creen que Leborgne también sufrió daños en vías no involucradas en el lenguaje, como el tracto corticoespinal izquierdo, que podrían explicar la parálisis en la pierna y el brazo derecho que sufría.

Finalmente, los investigadores estimaron que el cerebro de Molaison estaba dañado en los tejidos conectivos más allá de las principales regiones cerebrales, incluido el hipocampo, que se eliminaron en la cirugía que le dejó amnésico. Esto incluye el fórnix, el cíngulo ventral, el fascículo no cincado y la comisura anterior. El daño en este último tramo, involucrado con el procesamiento del olor, sería una posible explicación para los problemas que Molaison tenía para discriminar olores.

¿Qué significado tiene esta investigación para la neuropsicología?

Esta investigación es ciertamente un tributo adecuado al legado de Geshwind, que muestra cómo el comportamiento social, el lenguaje y la memoria dependen de la actividad coordinada de diferentes regiones en lugar de áreas individuales en los lóbulos frontal o temporal. Sin embargo, los investigadores también admitieron que se necesita mucha cautela: su investigación involucró muchos saltos ambiciosos y generalizaciones. Lo que es seguro es que estas nuevas ideas alimentarán aún más el legado de estos tres casos históricos. 

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