Hace ya algunos años, escribí en el por aquel entonces mi blog “Dominicaneando” un artículo sobre los consejos que la cultura tolteca brinda para obtener una vida más sana, desde el cerebro, que como todos hoy sabemos repercute en el bienestar de todo el cuerpo.

Creo que, aunque el tema para nada es nuevo, ni lo inventé yo, bien pueden ser ideas a revisar y sobre que las que pensar con frecuencia, por la importancia que ellas pueden tener para todo ser humano más allá de su origen, edad, sexo, condición socio – económica, etc.

Como trato de no ser un demagogo, reconozco que para nada soy un experto y menos que he logrado vivir tal como recomiendan los toltecas, cuando me miró siento que me falta mucho por aprender y experimentar, sin embargo, puedo asegurar que estoy haciendo un esfuerzo y eso, creo, es lo importante.

Trabajando un día en casa de mi amiga Lissette, descubrí sobre la mesa de centro de la sala, junto a otros libros, un libro aparentemente dejado allí al descuido, lo que le daba cierto aire de buena decoración al lugar. Como soy amante de los libros, no pude dejar de cogerlo en mis manos y tratar de enterarme de qué trataba.

Por el título y resumen que leí, “Los cuatro acuerdos. Un libro de la sabiduría tolteca” y el autor, el mexicano Miguel Ángel Ruiz, muy rápido lo devolví a su lugar. Sin saber exactamente sobre el contenido, definí que para nada me interesaba el tema y entonces dediqué un pensamiento a mi hermana Normita que vive en México. Todo lo que huela a mexicano me lleva a ella constantemente.

Días después Lissette insistió en que lo leyera y frente a su insistencia y como siempre buena descripción del contenido, me embulle a pasarle la vista. Que equivocado estuve con mi primera impresión. Al comenzar a leer descubrí un tema que me apasionó del todo e hizo que me devorara las páginas y no sólo eso, sino que me sirviera para reflexionar seriamente sobre la vida mía y la de los cercanos que me rodean, cosa que hago con bastante frecuencia. Terminé dedicando otro pensamiento a Normita, quizás como disculpa por haber desestimado el asunto por solo venir de dónde venía. Ella me conoce bien, sabrá que es cierto lo que digo.

Lo apasionante que resulta lo que he leído, lo importante para cualquier ser humano que esté vivo, aclaro esto porque hay muchas personas que por su forma de vida están muertas, aunque aún respiran y sólo esperan pacientemente a que les expidan el certificado de defunción, y lo que me reafirma alguna de las ideas que tengo desde muy joven, hoy me siento a escribir sobre lo que aprendí, tratando de compartirlo con otras personas, más allá de mi compañera de trabajo.

Los Toltecas son reconocidos en todo el sur de México como hombres y mujeres de conocimiento. Fueron científicos y artistas que formaron una sociedad para estudiar y conservar el conocimiento espiritual y las prácticas de sus antepasados. El autor del libro, no es un mexicano cualquiera, sino que, Miguel Ángel Ruiz, es doctor, chamán y maestro. Fue médico cirujano hasta que tuvo una experiencia cercana a la muerte que lo llevó a buscar respuestas en las tradiciones ancestrales de los toltecas, dentro de los cuales su madre fue una curandera y su abuelo un nahual o chaman.

En resumen, en este libro, que es de hecho su obra más influyente, el Doctor Ruiz, trata de llevar a la libertad personal de los acuerdos y creencias que hacemos con nosotros mismos y con los demás que crean limitaciones e infelicidad en nuestras vidas. Finalmente, trata de encontrar la propia integridad, amor propio y la paz dentro de esta realidad. De ahí su elección y propuesta, reconociendo en la cultura de sus antepasados lo que define como los cuatro acuerdos toltecas.

Convencido de que, al conocer sobre estas ideas, muchas personas se verán reflejadas y al menos entenderán lo que les ha pasado y muchas otras después de leer comenzaran a realizar cambios en sus vidas, dejaré en este escrito un pequeño resumen de su gran contenido, ojalá provoque la necesidad de profundizar más en ellos.

Nacemos con la capacidad de soñar y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar de la forma en que lo hace la determinada sociedad. Utilizando nuestra atención, que es la capacidad que tenemos de discernir y centrarnos en aquello que queremos percibir, aprendimos una realidad completa; aprendimos cómo comportarnos en público, qué creer y qué no creer, qué es aceptable y qué no lo es, qué es bueno y qué es malo; qué es bello y qué es feo, qué es correcto y qué es incorrecto.

De niños no tenemos la posibilidad de escoger nada, por lo que generalmente terminamos de acuerdo con toda la información que otros seres humanos nos transmitieron. Lo que lleva a que almacenemos esa información, estemos de acuerdo y entonces terminemos creyendo. A este proceso se le llama proceso de domesticación de los seres humanos.

En el proceso de domesticación perdemos todas nuestras tendencias naturales. La domesticación es tan poderosa que, en un momento de nuestras vidas, ya no necesitamos a nadie o nada externo que nos domestique. Estamos tan bien entrenados que somos nuestros propios domadores.

Para pensar y tratar de solucionar muchos de estos aspectos, los toltecas tienen elaborado desde hace muchos siglos, cuatro aspectos fundamentales para la vida, a lo que llaman “acuerdos”.

Primer Acuerdo. Se impecable con tus palabras.

Ser impecable es no ir en contra de uno mismo. Cuando se es impecable, se asume la responsabilidad de los actos, pero sin juzgarse ni culparse. Ser impecable con las palabras significa utilizar la energía correctamente en la dirección de la verdad y el amor por uno mismo. Al ser impecable con las palabras será suficiente para que la verdad se manifieste a través de uno mismo.

Esto es difícil de lograr porque hemos aprendido a hacer de la mentira un hábito para comunicarnos con los demás y peor, para comunicarnos con nosotros mismos. Llegamos a reprimir nuestras emociones e ideas para lograr la aceptación y el amor de los demás. Nos deshonramos a nosotros mismos para complacer a otras personas. Intentamos ocultar lo que somos y fingimos ser lo que no somos para ser aceptados. Lo que resulta en una falta de autenticidad y una necesidad de usar máscaras sociales para evitar que otros nos descubran. Tenemos miedo de que otros descubran que no somos lo que pretendemos o aparentamos ser.

Segundo Acuerdo. No te tomes nada personalmente

No tomarse nada personalmente significa no estar de acuerdo con cualquier cosa que se diga. Al estar de acuerdo el veneno de las palabras o el chisme te atrapa.

Cuando uno se toma las cosas personalmente, se siente ofendido o reacciona defendiendo sus creencias y creando conflictos. Se trata de tener la razón y de demostrar que los demás están equivocados.

Las personas tienen su propio sistema de creencias lo que crea sus propias opiniones, por lo que lo que piensan está relacionado con ellas mismas y no contigo. Cuando lo que se nos dice nos duele, no es lo que nos han dicho lo que crea el dolor, es que lo dicho roza las heridas que podemos tener.

Muchas veces nos sabemos lo que queremos, cómo lo queremos y cuándo lo queremos porque una parte de la mente quiere una cosa y la otra parte quiere exactamente lo contrario. Una parte pone objeciones a determinados pensamientos y actos y la otra los apoya. Lo que significa que vivimos en un infierno.

No tomarse nada personalmente significa no depositar tu confianza en lo que otros hagan o digan. Basta con confiar en sí mismo para elegir con responsabilidad. Nunca se es responsable de los actos de los demás.

Tercer Acuerdo. No hagas suposiciones.

Tendemos a suponer y al hacerlo creemos que lo que suponemos es cierto, que es real. Al hacernos suposiciones, nos estamos tomando el tema personalmente y entonces obramos mal.

Siempre es mejor preguntar que hacer una suposición. Es mejor preguntar. Aclarar significa evitar sufrir. No preguntamos porque tenemos miedo a pedir una aclaración. Suponemos y defendemos a capa y espada nuestro supuesto, intentando demostrar que el otro no tiene la razón.

El gran conflicto de la mente humana es que sólo vemos lo que queremos ver y oímos lo que queremos oír. Soñamos sin basarnos en la realidad, inventamos las cosas en nuestra imaginación.

Los seres humanos necesitamos justificarlo, explicarlo y comprenderlo todo para sentirnos seguros. Esta es la razón por la que en muchos casos hacemos suposiciones. Suponemos que todo el mundo debe o tiene que ver la vida del mismo modo que nosotros. Suponemos que los demás piensan, sienten, juzgan y maltratan como nosotros lo hacemos. Es la razón ésta por la cual nos da miedo ser nosotros mismos ante los demás.

Hacemos suposiciones sobre nosotros mismos, sobrestimándonos o subestimándonos porque nos da miedo preguntarnos sobre determinado aspecto o actuación. Por hacernos suposiciones llegamos a pensar que podemos con buenos actos, amor y cariño, llegar a cambiar a la otra persona. Esto no es cierto. Las personas cambian porque quieren cambiar, no porque la actuación externa los haga u obligue al cambio. El amor verdadero es aceptar sin intentar cambiar a la otra persona. Si intentamos cambiarlo es porque no nos gusta. La idea de vivir con alguien es escoger a una persona que sea exactamente igual a lo que uno quiere. Hay que encontrar a alguien al que no haya que cambiarle nada.

Cuarto Acuerdo. Haz siempre lo máximo que puedas.

Lo máximo que puedas hacer varía constantemente en dependencia de múltiples factores. Haz siempre lo máximo que puedas, significa que, si intentas esforzarte demasiado para hacer más de lo que puedes, gastarás más energía de la necesaria y al final el rendimiento no será suficiente. Cuando te excedes vas en tu contra. Por otro lado, si haces menos de lo que puedes hacer, terminarás con frustraciones, juicios, culpas y reproches. Si se hace lo máximo que uno puede hacer, en cualquier circunstancia de la vida, no te juzgarás a ti mismo en modo alguno.

Haz lo máximo que puedas hacer, significa que es la acción lo que te da felicidad. Hacer lo máximo significa que actúas porque amas hacerlo, no porque esperas una recompensa. Si te gusta lo que haces y siempre haces lo máximo que puedas, entonces disfrutarás realmente de la vida. Te divertirás y no te sentirás frustrado.

No te inquietes por el futuro, mantén atención en el día de hoy y permanece en el momento presente.

No creo que esto pueda funcionar como receta para todo y todos. No creo que los toltecas, ni nadie en particular tengan la verdad absoluta sobre un determinado tema. Sin embargo, creo fuertemente en que después de leer este pequeño resumen que aquí comparto y ser sinceros con nosotros mismos, podemos lograr una mejoría en lo que sentimos y hacemos, en la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, en la relación que experimentamos entre lo que tenemos y no tenemos, entre la alegría de estar vivos y la tristeza de aparentar una vida que no tenemos y como conclusión general en la forma en que vivimos.

Esa mejoría puede ser pequeña al comienzo, no importa, lo esencial es comenzar. Luego si se establece un método coherente e independiente del proceso de la domesticación para vivir, pensar y evaluar lo que hacemos y tenemos, la mejoría sola irá creciendo y llegará el momento incluso que estaremos en condiciones de poderla compartir con otros, porque nos sobrará.

Desde mi vida de miles de defectos y errores, hoy creo firmemente que no fácil, pero lo importante es comenzar a practicar.

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