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26 fotografías que muestran cómo es la lucha por la miseria de los “niños del ring” tailandeses

En Tailandia, unos 30 mil niños y niñas son obligados a protagonizar combates de muay thai, o boxeo tailandés, y pelear duramente para ayudar a sus familias a subsistir. Y digo subsistir, porque apenas ganan un puñado de dólares en cada encuentro, mientras que los organizadores del evento siguen llenándose los bolsillos con las apuestas.

En cada contienda, los pequeños se exponen a sufrir todo tipo de lesiones, tales como roturas de huesos o daños cerebrales, a consecuencia de los terribles golpes propinados con cualquier parte de las extremidades. Triste, indignante y, lo peor de todo, real.

En 2011, durante unas vacaciones en Tailandia, la reportera gráfica freelance alemana Sandra Hoyn asistió casualmente a uno de aquellos combates, cuyos participantes eran niños de 6 años.  Allí realizó un reportaje gráfico al que llamó “La lucha por una miseria“. Esto fue lo que captó con su objetivo:

          

          

          

          

          










          

          

          

          

          

          

          

Estos pequeños son entrenados por promotores y mafiosos de los suburbios de las grandes ciudades, enriqueciéndose a costa de sus combates. 

Muchos niños, de origen muy humilde, intercambian con sus entrenadores comida, alojamiento y entrenamientos a cambio del 50% de las ganancias en sus combates

Pero aprender a dejar inconsciente al adversario pues requiere sesiones de entrenamiento que se alargan hasta ocho horas diarias, siete días a la semana. Algo inhumano para un niño.

          
          
          
          
          
          

En muchos casos, los niños son instigados por sus codiciosos padres, premiándoles en las victorias e imponiendo severos castigos y regañinas en las derrotas. 

Los niños no llevan ningún tipo de protección, salvo los guantes y el recubrimiento con aceites para difuminar los golpes de sus adversarios en los combates. Una contienda de este tipo no termina hasta que uno de los dos queda inconsciente o cuando uno de los niños entregan la toalla a su oponente.

          
          
          
          
          

Los promotores, por su parte, se cubren las espaldas obligando a los padres a firmar abusivas cláusulas que le eximen de cualquier tipo responsabilidad en caso de lesiones graves.

Este tipo de combates, denunciados reiteradas veces por la ONG Save the Children, son legales en Tailandia, donde el gobierno fomenta y promociona el deporte nacional haciendo la vista gorda de las peleas infantiles clandestinas

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