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Los vendedores ambulantes que recetan medicamentos

Para los haitianos, los vendedores ambulantes de medicinas son la única manera de conseguir el tratamiento que necesitan, para los vendedores, solo una forma de sobrevivir. 

Preocupados por la manera de combinar los colores de las pastillas para llamar la atención y atraer a los clientes, los vendedores ambulantes de medicinas no han estudiado ni gota de farmacología, algo que no les impide vender o recomendar lo que el cliente necesite. No son farmacéuticos, son vendedores.

“Ves, puse la ampicilina junto al Tylenol-un paquete de pastillas de color rosa, un paquete de píldoras azules. Los colores tienen que quedar bien juntos. Si mi barreño no llama la atención, nadie va a comprar nada”.

La gente sabe lo que necesita, pero no tiene dinero para conseguirlo por la vía ordinaria

La mayoría de las veces, no existe ningún médico o farmacia en la localidad, y por eso los vendedores actúan de especialistas y confesores.

“La gente comparte sus secretos con nosotros. Nos cuentan sobre sus infecciones, la digestión y las cuestiones sexuales. Para cada problema, tenemos una pastilla”, dice Rénold Germain, de 26 años.

Los fármacos que venden son genéricos procedentes de China, píldoras caducadas y medicamentos falsificados importados desde la República Dominicana

Suelen colocarse en barreños sujetos por gomas elásticas, como si de un expositor giratorio se tratase. Junto a ellos, tiritas, tijeras, vendas y otros útiles de farmacia. 

Se venden por pastillas, sin compra mínima, ni receta. Incluso se puede regatear el precio y acordar algún extra de regalo. 

Un mercado en Haití / Diario La República

Aunque su actividad es técnicamente ilegal, las leyes del Ministerio de Salud Pública y Población haitiano rara vez se aplican. Al parecer la gente necesita tanto las medicinas como terrible es el mal que hace su abuso o las prescripciones erróneas.

Es cierto que es como una ruleta rusa y hay muchos malos consejos

Se venden píldoras abortivas e imitaciones de la Viagra en cualquier esquina y se escuchan consejos nefastos sobre el uso de antibióticos, como un vendedor que aconsejó a un adolescente una dosis muy fuerte para tratar el acné.

“Cada vez que veo un vendedor ambulante de medicinas es como si me dieran una boleta”, explica el director de farmacología del Ministerio de Salud, Flaurine José. “Cada uno de ellos es una bomba de relojería que no podemos detener”.

Existe cierta permisividad social al respecto, pues estos vendedores otorgan el acceso a la medicina típico en países desarrollados 










nationalgeographic.com 

Sin embargo, en Haití, no hay garantías

Los vendedores ambulantes de medicinas no paran de trabajar. Recorren las calles, atraviesan los parques, llaman a las puertas, suben a preguntar en los autobuses… No se hacen ricos, pero saben aprovechar una oportunidad. 

“Elegí esta profesión porque son tiempos difíciles aquí”, dice Bonord. “Quiero que mis hijos vayan a la escuela y todo el mundo necesita medicinas”.

Es normal utilizar remedios naturales en pueblos y zonas rurales, pero los chicos de ciudad prefieren confiar en los medicamentos, lo que aumenta el negocio.

Sin duda, los vendedores ambulantes de medicinas son un fenómeno curioso que antes o después el gobierno tendrá que regular. Hasta entonces, los fotógrafos de National Geographic, Paolo Woods y Gabriele Galimberti continúan dando testimonio de su día a día.  Puedes leer más historias de vida, aquí.

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