Hoy, en la primera noche mágica del año iluminada de una hermosa luna llena, me emociona recordar una melodía que, como cantos de sirenas, daba paso a soñar, a vivir ilusiones, a idealizar una juventud plena y a ilusionarse por la vida. ¡Cuantos recuerdos! Aún sueño con aquellas madrugadas, en el patio de mi casa rodeado de jazmines y damas de noche, sentado en un butacón o simplemente tumbado en el suelo mirando el fondo del universo. Aún recuerdo con agitación y vértigo por el paso de los años aquella quietud de un cielo estrellado cuando comenzaban las notas de esta melodía que comparto a sonar por las ondas de radio; o cuando, paseando por la orilla de alguna playa cercana a casa, el susurro de la voz de una locutora que se me hacía familiar y me transportaba a soñar con un mágico mundo de hadas, de duendes, de marineros y sirenas, de navegantes en un mar de plata esmeralda “relleno” de grandes corazones.

Mi mirada, a veces inquieta y otras enamorada de aquel reflejo de luna en un mar plateado de las noches de verano, me hacían navegar y cruzar mantos marinos, océanos y mares impasibles. ¡Qué mágicas noches pasaba escuchando el ir y venir, lento y tranquilo, de la espuma del mar cuando esta acariciaba las serenas noches de verano de la Línea de la Concepción mientras escuchaba por mis auriculares, ensimismado y absorto del resto de la realidad, estas notas musicales y el programa que le seguía! ¡Qué bálsamo era en mi juventud soñar despierto con aquellas historias, con aquellas complicidades, que bajo un manto de estrellas un “Océano Pacífico” mostraba a través de las ondas de radio el hechizo de la magia!


Juanjo Sánchez ©

6 de enero, 2015 Algeciras

7 de septiembre, 2017 (2 años y 8 meses después, noche de luna llena, vuelvo a publicar en este espacio esta carta)

Gracias María Quirós por ser esa cómplice hada madrina de mi juventud. 

Gracias Capitán Brauilo por, salvando océanos y mares desiertos, tempestuosos y calmos; suaves, siempre salados, picantes, soleados y bravos en noches dulces de emociones ser mi héroe de juventud.

Un viejo lobo de mar romántico y una navegante del misterio y el amor nunca mueren, se transforman; y aunque tengan que seguir pugnando contra las fuerzas invisibles del Océano y el tridente de Neptuno cuando este amenaza siempre denotan la fortaleza humana frente a la naturaleza inconmensurable, eterna e inexorable del ímpetu magestuoso de las mareas y la totalidad del Todo marino.

Fuisteis mi Excalibur en mi “Neverland” particular. 

Y tú, Wendy, María, como te llamaba tienes la garantía de mi palabra de honor, honor en el que baso mi dignidad de confianza desde un 19 de abril, el del año 1992, que fuiste mi única heroína, un hada madrina, una ninfa sobre un calmo jardín de nenúfares, una sirena que embelesabas y alimentabas mi espíritu lleno de pasión y juventud.

Más allá de lo que podáis creer, (se que me leeréis) os quiero transmitir que os quiero desde el corazón juvenil de aquellos años 90 que aún no he conseguido perder, por suerte en este mundo de hipócritas.

Y como nada es por casualidad en esta vida, acabo apreciándoos más tras sentir vuestra presencia personal en las cálidas y templadas costas marinas del Estrecho de Gibraltar.

Juanjo Sánchez ©
7 de septiembre, 2017

  “El dolor es la piedra de afilar para un temple duro”  Tolkien





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