«La enfermera de los niños pobres» así se usaba el opio en la antigüedad

Publicado 7 mayo, 2020 por Javier Escribano
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Aunque ahora nos suene increíble, en los estantes de las farmacias del siglo XIX era posible comprar sin receta medicamentos a base de opio, heroína y otras sustancias con total normalidad. De hecho, lo anormal era no utilizarlos. Especialmente en niños y bebés.

Para tratar males tan comunes como dolor de cabeza, catarros o dolor de dientes, las medicinas usaban opiáceos, sin necesidad de receta y sin que hubiera ninguna restricción que prohibiera el uso de ingredientes potencialmente letales. Este jarabe de Mrs. Winslow, que data de 1887, contiene morfina, un derivado del opio.

Narcóticos para aliviar a los bebés… y sus padres

Los anuncios de los jarabes recalcaban su eficacia para aliviar el dolor de los bebés y que dejaran de llorar (aliviando también la carga de las madres a su cargo). Su uso prolongado llevaba al bebé a un estado de narcotismo continuo que le hacía rechazar la comida y podía acabar muriendo de desnutrición o entrando en coma.

Una revista satíritca llamó en 1849 al opio como «La enfermera de los niños pobres.» En el siglo XIX, los derivados del opio eran las drogas más comunes y baratas. Algunos médicos y periódicos de la época ya advertían de los peligros de administrar fármacos que contuvieran estas sustancias (y otras como mercurio y alchohol), especialmente en niños tan pequeños. Un doctor estimó, en un estudio de 1854, que tres cuartos de todas las muertes por opio ocurrían en niños menores de cinco años.

Sin embargo, seguían produciéndose y consumiéndose en grandes cantidades, sobre todo en familias con pocos recursos. Los farmacéuticos competían por producir los medicamentos más eficaces prometiendo calmar a los bebés en los periodos de dentición, que causaba a sus padres noches de insomnio. Para muchas familias, drogar a los niños era la única forma de poder mantener sus trabajos y ganar dinero para subsistir.

bebé feliz anuncio farmacia

Welcome Collection

Según un farmacéutico de Manchester, podía llegar a vender hasta 22 litros de jarabes, que comúnmente se denominaban «quietness (tranquilidad). Por su bajo coste, era especialmente popular los compuestos con láudano, una fórmula que contenía alcohol y opio mezclado con canela o azafrán para tapar su fuerte sabor.

frasco medicina con opio










University at Buffalo

Entre el desconocimiento general y la falta de regulación en los productos médicos, la única forma que tenían las personas de elegir medicamentos era a través de los anuncios. Estos mostraban a madres sonrientes y niños angelicales, y a pesar de que sus efectos letales eran evidentes (algunos anuncios anunciaban que no tenían opio o laúdano), la regulación farmacéutica no llegó hasta principios del siglo XX.

Heroína y cocaína en la farmacia de la esquina

El caso de España no es diferente. En la hemeroteca de finales del XIX y principios del XX es común encontrarse con anuncios tan llamativos como «el jarabe Bayer de heroína, excelente e inofensivo hasta para las criaturas» contra la tos, o los comprimidos «al mentol y cocaína» del doctor Torrens.

El historiador y sociólogo Juan Carlos Usó, autor del libro Drogas, neutralidad y presión mediática, explicó a eldiario.es que el Gobierno no comenzó a combatir activamente las drogas hasta la muerte de cuatro aristócratas entre 1916 y 1917 por sobredosis.

Si su presencia en medicamentos resultaba totalmente inocente desde hace décadas, su uso con fines recreativos entre las clases altas fue lo que alertó a las autoridades a prohibirlas y limitarlas y regularizarlas para fines médicos.

Un proceso que ocurrió aproximadamente al mismo tiempo en la mayoría de países del mundo (entre 1914 y 1922). En España, fue en 1918 cuando se instauró la receta médica obligatoria y en 1931 se prohibió terminantemente la heroína.

Fuentes: blog.sciencemuseum.org.ukwelcomecollection.orgeldiario.es

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