¿Crees que eres perezoso? Puede que tengas depresión

Publicado 25 noviembre, 2020 por Elena
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De manera más o menos generalizada, no hemos sido educados en el aprecio y cuidado de la salud mental. Ante las enfermedades o molestias físicas vamos rápidamente al médico, pedimos una baja y nos sirve como justificante en cualquier ámbito porque se entiende que necesitamos un tiempo para recuperarnos.

Sin embargo, no nos han enseñado a identificar las señales del malestar psicológico y cuando nos encontramos mal y no podemos rendir solemos escuchar que somos unos vagos, que tenemos que dejar de lado la pereza y las excusas y cumplir con nuestras obligaciones. Y lo peor es que nos lo creemos y al final nadie le da importancia a nuestro estado anímico y mental.

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Si en general te cuesta muchísimo ponerte con tareas pendientes y acabarlas, es posible que no seas «un vago», sino que tengas algún trastorno del estado de ánimo o de ansiedad y que necesites ayuda profesional. Te contamos a continuación la relación entre procrastinación y depresión.

¿Qué es la procrastinación?

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¿Te has encontrado alguna vez perdiendo el tiempo con cualquier actividad no prioritaria cuando sabías que deberías estar haciendo alguna tarea? Este continuo posponer voluntario de las tareas se conoce como procrastinación. No es lo mismo que planificarse y decidir posponer alguna obligación porque se tiene tiempo para ello o consideramos que es mejor hacerla en otro momento.

La procrastinación nos hace sentir mal porque sabemos que no está bien posponer las obligaciones y, además, cuando por fin nos ponemos con lo que tenemos que hacer, lo hacemos de manera apresurada y con desánimo, lo que provoca que nos sintamos peor. Si procrastinas de manera crónica, puede deberse a una incapacidad para manejar estados de ánimo negativos.

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En general procrastinamos con las tareas que no queremos hacer porque nos generan emociones desagradables y pensamos que cualquier otra cosa nos hará sentir mejor. Por tanto, no se trata de una cuestión de productividad u organización, sino de aprender a manejar estas emociones para que ellas no nos controlen a nosotros, impidiéndonos avanzar.

Aunque muchas personas procrastinan de manera puntual y eso no significa que tengan depresión, la procrastinación se convierte en un problema serio cuando afecta a varias áreas de nuestras vidas, mermando nuestro trabajo, nuestros estudios, nuestras relaciones, nuestra salud…

La depresión puede impedirnos ponernos con lo que tenemos que hacer

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel mundial en enero de 2020, 264 millones de personas sufrían depresión, cifra que probablemente haya aumentado teniendo en cuenta la situación causada por la pandemia. Aun así, es muy difícil conocer todos los casos de depresión, pues muchas veces ésta pasa desapercibida.

La depresión no entiende de edad o de género, por eso las manifestaciones son muchas y muy variadas: desde la tristeza que todos podemos ver hasta sentirse terriblemente cansado y perder el apetito. Hay personas que no experimentan tristeza, pero sí han dejado de disfrutar de las cosas, lo que se conoce como anhedonia, o no tienen energías para hacer nada y posponen hasta lo más simple, es decir, procrastinan de manera crónica.

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En este continuo posponer de quehaceres, las personas posponen también las revisiones médicas o pedir ayuda, lo que puede derivar en graves complicaciones para la salud, tanto física como mental.

Ciertos consejos, aun bienintencionados, no ayudan a mejorar la situación

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Como hemos comentado anteriormente, no se trata de aprender a organizarse, por eso, decirle a una persona que tiende a procrastinar que simplemente tiene que «levantarse y hacer las tareas», es como decirle a una persona con depresión «sé feliz, no tienes motivos para estar triste» o a alguien con diabetes que sencillamente «aprenda a secretar insulina».

Cuando detrás de la procrastinación se encuentran problemas emocionales, las personas necesitan ayuda psicológica para conseguir las herramientas necesarias para retomar el control de sus vidas. Deberíamos poner nuestra salud y bienestar por delante de la productividad y los deseos de los demás. Para ello necesitamos reeducarnos en salud mental y darle la misma importancia que le damos a la salud física.

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