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¿Por qué la muerte de nuestra mascota puede doler tanto como la de un familiar?

A muchos os va a parecer una obviedad. Cuando convives con una mascota y la integras en tu núcleo familiar, lo normal es que en el momento de su muerte te sientas como cuando pierdes a alguien importante en tu vida.

Los humanos y algunos animales hemos ido desarrollando nuestros vínculos cada vez con mayor intensidad emocional. Lo que antes era una relación de interés mutuo y trabajo, se ha convertido -con el tiempo y los cambios sociales- en una relación familiar y de amistad como la que tenemos con cualquier otro humano.

Aunque muchos no lo entienden, la fortaleza de las relaciones que se establecen con animales pueden llegar a ser tan fuertes o más que las que tenemos con otras personas. Ya se sabe que la convivencia con mascotas tiene numerosas ventajas desde el punto de vista emocional y físico, desde el cariño incondicional que son capaces de entregar a la certeza de saber que siempre estarán ahí cuando les necesites.

Este último factor es importante para los que han tenido malas experiencias en sus relaciones humanas. Lo cierto es que estas pueden llegar ser mucho más complicadas que las que se tienen con mascotas y quizá por eso el 31% de los españoles afirmó en 2014 en un estudio realizado por la Fundación Affinity que querían más a su perro o gato que a algunos de sus amigos.

Si te sientes así, lo primero que debes saber es que no tienes por qué sentirte culpable. Uno no elige conscientemente hasta dónde llega su implicación emocional, simplemente quieres a alguien y no puedes evitarlo. Si los demás no lo entienden, quizá es porque simplemente no han tenido la oportunidad de experimentar lo que tú sientes por tu mascota.

Llegados a este punto en el que entendemos que el vínculo emocional establecido con animales puede ser tan fuerte como el que se tiene con humanos, no es de extrañar que el dolor en el momento de la pérdida también sea similar.

La mayoría de las personas que conviven con animales y han sufrido su muerte afirman haber vivido un duelo de al menos seis meses. Pensémoslo bien: has criado, educado y cuidado de tu mascota con una entrega absoluta durante catorce o quince años, le has dedicado tiempo y atención cada uno de esos días, te ha acompañado en buenos y malos momentos sin cambiar un ápice de su actitud, mostrando siempre una lealtad y un amor incondicional, ha sido tu amigo, tu familia. ¿Cómo no vas a sentir una pérdida así? Lo extraño es que aún haya personas que infravaloren ese sentimiento.

De hecho, los psicólogos recomiendan afrontar el duelo de la misma forma que se haría con otro familiar. Es esencial permitirnos estar tristes, llorar si lo necesitamos, pensar en ello y recordarnos que tenemos derecho a sentirnos mal. El tiempo hará el resto, pues el componente clave en una situación así es la paciencia y tener la certeza de que algún día el dolor desaparecerá y solo quedarán los buenos recuerdos.

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