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Por qué no debes meter la cabeza en la boca de un cocodrilo

Un escorpión trata de convencer a una tortuga para que le ayude a cruzar un río, pero ella se niega, temerosa de que le pique y la mate. Sin embargo, el escorpión le propone un argumento razonable. 


– Para que estés tranquila, te propongo lo siguiente: Acércate a la orilla del río y yo subiré sobre tu duro caparazón sin tocarte. Además, si te picara nos hundiríamos los dos, y, si tu mueres, yo moriría también.
La tortuga accedió, pero nada más subir el escorpión le pica en el cuello y los dos mueren. Mientras se hundía, la tortuga le pregunta:
– ¿Por qué lo hiciste?
–Lo siento, no pude evitarlo, está en mi naturaleza…

Este pequeño resumen de la genial fábula El Escorpión y la tortuga, atribuida al filósofo griego Esopo, nos hace entender que los animales son lo que son: animales y nada más. Con sus grandes virtudes, derechos y características propias de su especie, incluyendo una mayor o menor inteligencia y ciertos rasgos de carácter; pero animales, al fin y al cabo. 

Ser animal no es malo, ni este artículo va sobre la superioridad del hombre, no… De hecho, veréis que nuestro protagonista humano de hoy es francamente estúpido… Va de cómo los hombres pedimos a los animales que se comporten de forma contraria a su naturaleza. Y por “pedimos”, quiero decir amaestramos a base de dolor y violencia”. 

Por qué no hay que meter la cabeza en la boca de un cocodrilo

La diferencia entre las mascotas y los animales salvajes, es que las primeras se han establecido una relación de mutua conveniencia con los humanos, y juntos prosperamos. Los animales salvajes, en cambio, poseen un fuerte instinto y, para lograr que un oso toque la trompeta o un elefante haga malabares, se le somete a un proceso violento por el cual se quiebra su voluntad a base de palizas. Es así. 

Este imperio del miedo debe mantenerse en todo momento, pues apenas recupere un ápice de su autonomía, el animal actuara de forma natural siguiendo su instinto. Tal y como ocurre en el siguiente video. 

Muchos de vosotros celebrareis que este estúpido espectáculo no haya terminado en tragedia, yo también, pero no es del todo cierto que no vaya a haber consecuencias. En el mejor de los casos, el cocodrilo volverá a sufrir una paliza tremenda para volver a ser sometido, y en el peor, será sacrificado sin miramientos. 

Mañana otro cocodrilo ocupará su lugar y el espectáculo se seguirá realizando, ya que mueve mucho dinero. Y he aquí el quid de la cuestión, el dinero.

Son los turistas los que mantienen y perpetúan este negocio de explotación animal. Los que, con cada visita y entrada, promueven que cientos de animales sean cazados, sacados de su habitad, maltratados, explotados y condenados a una vida de mezquindad y trucos baratos, a cambio de algo de comida y miseria. Esto es lo que hay, ahora tú eliges si participar. No seas cómplice.   

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