Para mal y para bien: 2 pueblos de Indonesia que no dejan indiferente a sus visitantes

Publicado 6 abril, 2021 por Alberto Díaz - Pinto
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Si bien la deforestación por la producción de aceite de palma es uno de los grandes problemas medioambientales de Indonesia, el país insular, ubicado entre el Sudeste Asiático y Oceanía, encierra un rico patrimonio y lugares encantadores.

La República de Indonesia comprende un total de 17.508 islas, por lo que podéis haceros una idea aproximada del número infinito de cosas por descubrir en este hermoso país. Concretamente hoy nos centraremos en 2 poblaciones la mar de pintorescas que, si alguna vez visitáis Indonesia, merece la visitar.

Nos referimos a los pueblos de Kampung Tridi, ubicado al sur del centro de la ciudad de Malang, en Java Oriental, y Penglipuran, en Bali. Vamos allá:

Kampung Tridi, el pueblo de color

Sin duda, pasear por las estrechas calles de Kampung Tridi es como adentrarse en un caprichoso mundo de color. Los paraguas parecen estar suspendidos en el aire por encima de la pasarela que conduce hacia el pueblo, donde abundan los impresionantes murales en 3D.

Sus residentes pintaron enormes murales en sus paredes, muchos de los cuales parecen casi tridimensionales, lo que le valió el sobrenombre, en inglés, de «Indonesia’s 3D Village».

Estos murales se están convirtiendo en importantes reclamos turísticos para la economía local. De hecho, los turistas se divierten posando debajo de animales enormes, o de pie junto a figuras de dibujos animados que casi parecen estar saliendo de las paredes.

Sin embargo, Kampung Tridi no es el único pueblo de estas coloridas características dentro de la ciudad. El primero fue Kampung Warna-Warni (Pueblo pintado), que se pintó en 2015. A principios de 2017, Kampung Putih (Pueblo blanco) se pintó con paredes blancas, tejados grises y tonos verdosos. El proyecto de pintura más reciente fue el de Kampung Biru Arema, un pueblo azul y violeta, completado a principios de 2018.

Pero estos pueblos pintados hacen más que agradar a la vista. Los brillantes y extravagantes trabajos de pintura están destinados a ayudar a revitalizar estas comunidades. Al atraer turistas (y su dinero), este arte inusual ayuda a impulsar las economías locales.

Penglipuran, cultura balinesa en estado puro

Este pequeño pueblo ubicado en el centro de Bali es uno de los pocos que mantiene las construcciones y tradiciones más ancestrales de la isla. De hecho, cada casa, jardín, puerta, camino o templo, están diseñados bajo la filosofía tradicional de la arquitectura balinesa.

Las casas, rodeadas de vegetación y ornamentos muy cuidados, otorgan a Penglipuran un encanto único. Sobre todo cuando tienen lugar ciertas celebraciones, ya que los residentes realizan ofrendas con bambú dedicadas a las fuerzas de la naturaleza.

Además, los lugareños son mucho más que sociables y simpáticos. Estarán encantados de invitarnos a ver sus casas, mientras nos ofrecen un té o café y nos explican algunas particularidades de su cultura. Por ello, recomendamos viajar con algún guía local, ya que puede facilitarnos mucho la comunicación.

Pese al abundante turismo, Penglipuran mantiene su autenticidad. Sigue siendo un pueblo habitado por agricultores y artesanos, pero eso no quita que acepten donativos de aquellos que vienen a conocerlo, o que traten de vendernos sus obras artesanales.

Una de las cosas más llamativas de Penglipuran, es que en todas las casas encontraremos un letrero. En él se indica nombre de cada familia, el número de adultos que viven en ella, de niños y de perros.

Y es que en el pueblo solo pueden vivir personas que tengan algún vínculo familiar con otros residentes, ya sea de sangre o mediante lazos matrimoniales. Por ello, es muy habitual que terminen casándose entre ellos.

Como contrapartida, algunos turistas critican que todas las casas son negocios locales encubiertos y que te sientes forzado a realizar compras en compensación de la «hospitalidad» de su inquilino.

Justo al lado del pueblo existe un bosque de bambú. Un paseo por este exótico bosque resulta una experiencia la mar de curiosa, ya que allí descubriremos de primera mano el tamaño que pueden llegar a alcanzar estas plantas. Y cuando sopla el viento entre las enormes cañas, la sensación que sentiréis es indescriptible.

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