Los vertiginosos puentes vivientes hechos con árboles por tribus indias

Publicado 11 enero, 2021 por Alberto Díaz - Pinto
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Puede que no sean los más altos ni más largos del mundo, pero lo cierto es que una serie de humildes puentes de India, esculpidos a partir de las raíces de los árboles, son maravillas de la ingeniería que, sin duda, suponen una lección magistral para los arquitectos modernos.

Los investigadores dicen que estas estructuras poco estudiadas pueden extenderse hasta 50 metros y durar cientos de años. Además, estos podrían ayudar a nuestras ciudades a adaptarse a las crecientes temperaturas asociadas con la crisis climática.

Los puentes se extienden a través de ríos y barrancos en la meseta montañosa de Meghalaya, en India, conectando pueblos y permitiendo a los agricultores acceder a sus tierras. Todos están construidos, o cultivados, a partir de las raíces aéreas del mismo tipo de árbol: Ficus elastica, más conocido como el árbol del caucho.

Un puente que (casi) se construye solo

A diferencia de los puentes fabricados en madera o bambú, estos no se destruyen fácilmente ni se pudren, un problema común en lo que a menudo se describe como la región más húmeda del mundo. También han demostrado ser más duraderos que los puentes de acero modernos, que se oxidan y se descomponen rápidamente en zonas de clima húmedo.

Por tanto, se trata de un proceso continuo de crecimiento, descomposición y rebrote, suponiendo un ejemplo muy inspirador de arquitectura regenerativa.

Los puentes son construidos y mantenidos por los lugareños, familias y comunidades de los pueblos indígenas Khasi y Jaintia.

Así pues, en muchos casos, un puente puede ser fruto de la colaboración entre los habitantes de dos pueblos. Por tanto, se trata de una tradición bien arraigada, dando esperanza a que sobreviva en el tiempo.

Cómo se fabrican

El proceso de construcción difiere según las condiciones locales y el tramo deseado del puente, pero al parecer todos siguen un patrón de construcción similar.

Se planta una plántula en cada margen del río o borde de un barranco. Una vez que las raíces aéreas brotan, las que crecen por encima del suelo, se enrollan alrededor de un marco de bambú o tallos de palma y se van conduciendo hacia la orilla opuesta. Una vez que llegan al otro lado, se implantan en el suelo.

Después, «desarrollan raíces hijas más pequeñas que se dirigen al banco y al lugar donde se implantan«, explica Thomas Speck, profesor de botánica en la Universidad de Friburgo (Alemania) y coautor del estudio, publicado en la revista Scientific Reports, acerca del tema.

Las raíces de Ficus elastica reaccionan a las cargas mecánicas con un crecimiento secundario de la raíz, lo que significa que pueden formar estructuras muy complejas, como puentes estables y seguros. Las raíces también pueden crecer juntas y fusionarse, en un proceso conocido como inosculación.

Así pues, se trata de un proceso que puede tardar décadas en completarse.

Si bien algunos de los intrincados puentes se han convertido en atracciones turísticas, puesto que reciben hasta 2.000 visitantes al día, no todos los puentes mantienen un uso activo, pues con el paso de los años se han ido deteriorando y suponen algún peligro.

Ciudades verdes

Los expertos creen que las técnicas utilizadas para construir los puentes de raíces vivientes podrían implementarse en las ciudades. De este modo, podrían servir para dar sombra en las áreas urbanas, una estrategia muy necesaria para hacer frente al aumento de las temperaturas.

Un ejemplo podrían ser las marquesinas que cubran calles y zonas públicas, construidas de tal manera que no supongan un obstáculo de raíces y troncos para los viandantes.

Si os han parecido increíbles, no os perdáis el puente que se adentra bajo el mar, una fantástica obra de ingeniería que une Dinamarca y Suecia. Y si aún no tenéis bastante, tenéis que echarle un ojo a la obra de Lorenzo Quinn, en Venecia.

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