¡Afú! ¡Ofú! ¡Uffff! ¡Qué fuerte! ¡Qué extraño! ¡Qué alegría! ¡Qué orgasmo!

El Universo vuelve a poner frente a mí una señal en modo “ON” con esta frase célebre que comparto junto a estas palabras. 

2 de julio del 2015. Hoy dos años y semanas después, asevero  cada palabra con un articulo anterior que no ha mucho he compartido nombrando a Alonso de Quijano.

La primera vez en mi vida que compruebo con estupor, mente fría, sonrisa serena y ojos como platos, como la vida misma, comienza a poner en su sitio a quienes con la celeridad de un rayo y el aplomo de un trueno pierden el Norte de la decencia.

Me explico, con sutileza y discreción; eso espero.

Sin esperar lo que me deparaba el destino más inmediato en la mañana del martes 30 de junio, en una de mis estancias en la ciudad de la Bella Bahía: Algeciras y regresando del Hotel Reina Cristina, a la mitad de un paseo bajo el infernal sol veraniego del Sur del Sur de España: paraíso del calor, el verano y la buena gastronomía andaluza, me detengo en un local de hostelería que omitiré nombrar.

Allí repongo líquidos y algo de fuerzas con alguna tapa en compañía de empleados, todos muy atentos y agradables, y los propietarios del negocio quienes me transmitieron un hecho insólito, aunque esperado por mí en las últimas semanas, en lo remoto de la probabilidad de un fraude, un engaño descarado o/y la falta de ética profesional que retrata la imagen de quien provoca el malestar: un mal concebido y turbio profesional de los medios que, parece ser, desconoce el significado de calidad y excelencia, valor y dignidad, ética y profesionalidad, calidad humana y buenas prácticas en las relaciones entre personas, clientes, profesionales y empresarios, más allá de las Redes y más acá de lo humano. 

A veces hay que hacer tesis doctorales para investigar la complejidad de las acciones humanas y el porqué no se hacen las cosas con mayor sencillez dentro de la excelencia.

La falta de transparencia, el orgullo de no reconocer errores y pedir perdón, la poca autoridad y el exceso de protagonismo – demasiados selfies – (ya advierten los profesionales de la psicología del alto grado de autoestima descontrolada con la que los adictos a estas prácticas engrandecen su YO) y si además se establece una política de actuación reivindicativa de una actividad profesional, por encima del cliente o negocio protagonista del momento se desencadena el “Caos” provocando, como poco, en menos de un segundo, la pérdida de confianza y el alcance que se haya podido conseguir durante el largo tiempo de andadura de cualquier proyecto o empresa.

Y digo, al principio, que el tiempo ha comenzado a poner en su sitio en tiempo récord frente a mi observadora y aguda mirada, ya desconfiada desde hace bastantes semanas, a quienes noches atrás desnudaban una identidad con ironía, alevosía, premeditación y risas desprendidas de antifaces con el engreimiento y superioridad no ganada respecto a quienes consideran inferiores; tratando de asfixiar, con la psicología barata del infantilismo más acusado, a quienes tratan de hacer el bien, crear emociones, olvidar los temores, avanzar en el camino, ayudar a los demás, emprender proyectos, querer a quienes les quieren, luchar contra la ignorancia, el desconcierto, la hipocresía y la soberbia esa que enturbia las relaciones.

Quizás este hecho afortunado de ver con claridad la cara oculta de la maldad haya sido dirigido por la torpe y torcida mano del diablo, quizás por la espléndida directriz del lado femenino de Chucky, el muñeco diabólico: un esperpento del cine de horror que, con su veneno, pude haber narcotizado a su otra identidad bipolar. O tal vez, el mismo individuo siamés, sea el causante del delirio del que enferma y causado por la pócima venenosa que inocula el escorpión, así mismo, con un picotazo accidental por ignorancia o con conciencia por su alteración. ¿Quién sabe?

Quiero creer que es accidental por que hay que ser “mu tonto, mu tonto, mu tonto… hasta el infinito y más allá”, como diría José Mota en sus parodias cuando representa a Blasa Jiménez, “La Blasa” o al “Tío de la Vara“, para querer proyectar en los demás los propios fracasos y creer que se llegará a tener éxito desde el analfabetismo dando palos a diestro y siniestro.

Y miren que no considero que los fracasos sean frustraciones sino triunfos (los triunfos son aprendizajes desde los errores), pero para ello hay que desearlo, que quererlo, que dejar las ironías, la necedad, los malos pensamientos, los prejuicios; dejar de ser marioneta de trapo y cartón con débil personalidad manejada por sucios hilos mugrientos, ya pasados de moda, de compra-ventas de favores o cercanos a la mafia; dejar las criticas con animadversión y deseos de destrucción, vender humo y trabajos que no se realizan o productos que no cumplen con las directrices de las buenas prácticas empresariales; dejar la soberbia compulsiva, las mentiras reconocidas, las palabras sin honor, la ausencia de memoria inteligente, …, arrinconadas en el olvido porque, como dijo John Burroughs, “Un hombre se puede equivocar muchas veces (por supuesto somos humanos e imperfectos), pero no se convierte en un fracaso hasta que empiece a culpar a otros de sus errores.

Mi gran error: confiar en la bondad humana, esperar quizás confundirme cuando ya existía la desconfianza…

Solo hay que irse al artículo del 29 de agosto de este año 2017 para comprenderme.

…, poner la mejilla una y otra vez, y eso que no soy masoquista. ¡Qué le voy a hacer! He vuelto a aprender otra lección y a reforzarme en la convicción de estar en el camino correcto.

Y el gran error cometido por el causante del desaguisado ha sido, entre otros muchos, el desconocer que en esta vida las tortillas para poder degustarlas bien, en su cocinar, hay que darles la vuelta con rapidez y presteza si se quiere saborear jugosa y con sabor.

Y esto es lo que le ha ocurrido.

La perdida de la credibilidad en un solo segundo es tan auténtica que la realidad siempre supera la ficción.

¿Saben por qué? Porque el cocinado de la tortilla ha sido realizado por profesionales de la gastronomía que le ha dado el toque maestro para marcar la diferencia entre lo bien hecho: un plato llamado “Tortilla Delicatesse” y el desastroso sentido de la falsa moneda.

“Por el Interés te quiero Andrés” (del refranero español)

“Vi tantas liebres correr sin sentido que aprendí a ser tortuga y apreciar el camino” (Texto encontrado por internet)

Mucho quieren correr en la búsqueda de la fortuna con aspavientos y deseos de poder. Cerca de los montes, las playas y la mar.

“Si amas una flor, no la recojas. Porque si lo haces esta morirá y dejará de ser lo que amas. Entonces si amas una flor, déjala ser. El amor no se trata de posesión sino de apreciación” OSHO

Y he aquí dos puntualizaciones para finalizar. La primera decir que hay flores y plantas que por más que parezcan esplendidas y aromáticas pueden ser tan venenosas como la mordedura de una serpiente y, en segundo lugar, considerar que el quid de la cuestión se encuentra en la pasión por el trabajo bien hecho que alcanza, en la calidad del corazón de las personas que lo desempeñan y con la excelencia de un alma limpia sin reproches ni medias tintas, el triunfo.

Ser queridos y apreciados por nosotros mismos, dejarnos querer y ser conscientes de nuestra tranquilidad de conciencia, a pesar de las críticas malintencionadas de rufianes y caballeros sin sombra o chupa sangres, es decir, fantasmas o sanguijuelas, es la libertad y la alegría de ser humanos y no animales.

El segundo capítulo se llamará: “Vamos a contar mentiras tralará”.

Tal vez este capítulo haya ya sido escrito acausa de testaferros y se hayan publicado gracias a las pesquisas de la prensa El Confidencial.

Juanjo Sánchez
Escrito publicado el 2 de julio del 2015

Hoy,

6 de septiembre, 2017

 recobra mucha fuerza, al la vista de la caida oficial y pública de ciertas máscaras que ocultaban realizades ocultas de algún descendiente con condición reptiliana. A todo cerdo, 

puerco, cochín, cochino o chancho, según de donde se proceda quien lo exprese, le llega su San Martín.

Publicado en Relatos