Cuando ser feo era ilegal: hace 100 años te podían multar por no ser agradable a la vista

Publicado 26 noviembre, 2020 por Alberto Díaz - Pinto
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El otro día vimos que, a lo largo de la historia, ha habido costumbres curiosísimas. Algunas de ellas, como en la que profundizaremos hoy, sobrepasan la estupidez humana a niveles astronómicos.

Según el Chicago Tribune, en 1881 un concejal de Chicago llamado James Peevey describió a los mendigos en las calles de Chicago como «obstrucciones callejeras humanas». Peevey jugó un papel decisivo en impulsar una ordenanza con la que prohibía a cualquier persona que estuviera «enferma, mutilada o de alguna manera deformada» a permanecer a la vista pública. Por supuesto, mendigos, ciegos y sordos también estaban incluidos, aunque con los mutilados de guerra fue más benevolente.

Por el delito de ser «antiestético», a los mendigos se les podría cobrar entre 1 y 50 dólares de multa, que equivaldrían a unos 1.100 en dólares de hoy. Los que no podían pagar aquellas multas se enviaban a hogares exclusivamente para pobres. Pero esto solo es la punta del iceberg.

Las ‘Ugly Laws’ y el movimiento ‘City Beautiful’, una afrenta contra los Derechos Humanos

vagabundo en silla de ruedas

(Lewis Hine / Biblioteca del Congreso)

En el siglo XIX, las poblaciones urbanas de Estados Unidos se dispararon. Esto, a su vez, hizo que todas las personas, provenientes de distintas clases sociales, compartieran un mismo espacio.

La primera Ugly Law o, en español, «ley fea», se implementó en San Francisco en 1867. Y lo hizo como una extensión de una prohibición más general de la mendicidad. Según los historiadores de la época, las calles de San Francisco eran «lugares abarrotados poblados por personas, mendigos antiestéticos y vagabundos locos«.

Otras ciudades, como Chicago, Cleveland u Omaha, así como muchas ciudades más pequeñas del medio oeste, siguieron su ejemplo. Pensilvania, por ejemplo, aprobó una fea ley estatal a principios de la década de 1890.

leyes feas

(Revista Puck, 1879)

El aumento de la ansiedad en torno a la mendicidad refleja la creciente preocupación por la gestión de las poblaciones urbanas. El movimiento City Beautiful, una filosofía de reforma urbana basada en la idea de que las ciudades debían ser lo más prístinas posible desde el punto de vista estético, estaba en su apogeo, al mismo tiempo que se aprobaban leyes feas.

Es posible que esto surgiera también como respuesta a la afluencia de inmigrantes, veteranos y esclavos recién liberados en muchas ciudades estadounidenses.

Lo cierto es que existían diversas organizaciones caritativas en las urbes, pero solo en apariencia. Supuestamente buscaban un ambiente dedicado a la mejora y embellecimiento de las ciudades, donde los pobres y otros desafortunados pudieran contar con algún apoyo benevolente. Sin embargo, el énfasis en la belleza y la benevolencia contradecía el verdadero efecto (y quizás el propósito) de estas iniciativas: definir al ciudadano ideal.

«Pobres dignos» y «pobres indignos»

Esta ley distinguía, como lo habían hecho durante décadas las leyes victorianas en Inglaterra, entre los pobres «dignos» y los «indignos». En ella se estipulaban diferentes castigos a criminales, vagabundos, enfermos y, también, a los considerados como «antiestéticos».

Los mendigos «antiestéticos» o «indecorosos» serían tratados más a la ligera que los delincuentes, y no se les llevaría a la cárcel, sino a un asilo o asilo para pobres, donde serían encarcelados por un período de tiempo indefinido.

Estas regulaciones, por llamarlas de alguna manera, aparentemente destinadas a «proteger» a los ciudadanos sanos de la incomodidad sensorial, la manipulación y el peligro, solo sirvieron para marginar y criminalizar aún más la pobreza y la discapacidad.

Las mujeres se llevaron la peor parte

Las mujeres pudieron haber soportado la peor parte de las leyes feas, ya que las normas de género en cuanto al atractivo femenino eran particularmente estrictas.

Las mujeres pobres, deformadas o enfermas plantearon un desafío especialmente dramático al status quo. En Columbia, Ohio, existía una ordenanza que incluía prohibiciones de comportamiento lascivo, actos indecentes, inmodestos o sucios, así como de vestimenta indebida (incluido el travestismo) y prostitución.

Con el tiempo, muchas de estas «leyes feas» fueron desapareciendo. A mediados del siglo XX, apenas quedaban unas cuantas. Sin embargo, no fueron abandonadas en espíritu. Más bien se suplantaron por una serie de nuevas leyes que criminalizaban la pobreza y la falta de vivienda de otro modo. Durante los 60 y 70, por ejemplo, había una ley que prohibía sentarse y acostarse en lugares públicos. También estaba aquella que censuraba compartir alimentos con personas sin hogar.

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