En 2014 en San Antonio, Texas (EEUU), Courtney Stensrud (con 35 años ahora), había sido hospitalizada a las 21 semanas y cuatro días de embarazo con una infección placentaria con ruptura de membranas. Temblando en la sala de maternidad, recibió una mala noticia: tenía que dar a luz si no quería perder al bebé. Stensrud recuerda buscar frenéticamente en su teléfono casos de otros bebés nacidos a las 21 semanas, pero la búsqueda resultó infructuosa.

Contra todo pronóstico, la pequeña niña que pesó solo 0,4 Kg salió adelante en su lucha por la vida. Actualmente no tiene problemas de salud y se desarrolla igual que el resto de niños de su edad.

“Si no supieras que era tan prematura, pensarías que es una niña normal de tres años”, decía Stensrud a CNN. “En su escuela está a la par del resto de niños de tres años. Le encanta jugar con los demás y todo lo que le gusta a un niño de esta edad. Ama a sus muñecas, los libros, y le encanta lo imaginario.”.

Al analizar el caso de nuevo, los médicos de Stensrud afirmaron que es un caso afortunado y que no todos los nacimientos prematuros tienen resultados tan positivos, pero esta historia puede usarse como un punto de referencia del que aprender para evitar futuras muertes prematuras por nacimiento.


“Tenemos que ser muy cautelosos sobre la generalización de un buen resultado para una población más grande”, dijo a CNN el neonatólogo de Stensrud en el Hospital de Niños Metodista Dr. Kaashif Ahmad.

Fuentes: CNN y DailyMail

Publicado en Familia