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“Tu vida vale menos que la de un perro”. Cuenta su experiencia como mujer en Arabia Saudí

La periodista deportiva y tertuliana del programa ‘El chiringuito de jugones’, Cristina Cubero, con motivo del despliegue de seguridad ante el encuentro del pasado sábado entre el Real Madrid y el equipo azulgrana, después de los horribles atentados de París del pasado 13 de noviembre, aprovechó para contar una experiencia personal vivida en Riad, Arabia Saudí, en 1997, cuando acudió a cubrir la Copa FIFA Confederaciones como enviada especial del diario Mundo Deportivo.

Su testimonio es producto de una experiencia traumática pues, durante aquellas cuatro semanas que duró su estancia, no dejaron de recordarle que “su vida valía menos que la de un perro y que nadie lloraría su muerte”. Sus palabras no tardaron en encender las redes sociales, en las que se podían leer opiniones para todos los gustos.

“Yo más que miedo, siento rabia. Pero no hoy, sino desde hace 20 años, cuando fui a Riad -Arabia Saudí-, donde fui la primera mujer en entrar en un campo de fútbol, pasé cuatro semanas allí, y el escolta que pusieron a mi servicio me dijo que yo era menos que un perro porque era una mujer occidental.

Yo allí sentí lo que sienten por nosotros los integristas. No los musulmanes, no confundamos el islam con los integristas. Recuerdo un día que Abdula me dijo: ‘Te quieren comprar’. Yo dije: ‘Es que yo no estoy en venta’. Me respondió: ‘Sí, todos los occidentales estáis en venta, todos tenéis un precio. Te quiere comprar un príncipe y tú pasarás a ser esclava de las mujeres árabes’. Yo estaba al lado de Ronaldo, el Fenómeno, y le dije: ‘Oye, ¿y mi precio en el mercado?’. Me dijo: ‘Tú poco. ¿No lo entiendes? Eres menos que un perro. Tu muerte nadie la lloraría. Además estás usada y eres vieja (tenía 26 años)’.

Yo pedí ir a la plaza Dira, que es donde lapidan a una mujer simplemente porque su marido dice que le ha sido infiel. La matan a pedradas. Como se armó mucho revuelo porque me convertí en noticia, dijeron que durante las tres semanas que estaría yo allí dejarían de lapidar a mujeres para que yo no pudiera contarlo.

Cada noche lloraba de miedo en la habitación. Y eso que tuve la inmensa suerte de que estaba con la selección brasileña. Lo primero fue llegar a un hotel internacional y al hacer el cheking me preguntaron: ‘¿Dónde está su marido?’ ‘En Barcelona’. ‘¿Y su padre?’ ‘En Barcelona’. ‘¿Y qué hace usted aquí sola, cómo se atreve a viajar?’ ‘Yo vengo a trabajar’. Durante cuatro horas nadie se dirigió a mí. Al final fui a buscar a Zagallo, que era el seleccionador de Brasil y se lo conté. Estuvieron como dos horas más discutiendo y al final permitieron que hiciera el cheking y me dieron una caja. Pensé que era para pedirme perdón por la espera. En la caja había una abaya, el traje negro que usan las mujeres y que tenía que ponerme yo antes de salir de la habitación. Y me dijeron: ‘Cómprese un velo porque si no no puede salir a la calle’. Yo bajaba a desayunar al hotel, hotel internacional, y venían tres o cuatro señores filipinos que trabajaban en el hotel para poner un biombo porque mi presencia era ofensiva. Yo hacía striptease porque enseñaba la cara.

En el estadio, imaginaros lo que es un estadio de 70.000 personas, estaba en la tribuna y de repente la gente se gira y te empieza a gritar. Yo no sabía lo que me gritaban, pero menos bonita todo. Y salir del hotel y que te venga la policía religiosa con las ametralladoras en la mano, se pongan a un palmo de tu cara y pienses: ‘No vuelvo viva. Es que me matan aquí porque soy menos que un perro’. Me lo repetían continuamente.

Tendía la suerte de que el entonces rey Fahd permitía mi presencia. Llevaba una acreditación que explicaba que el rey Fahd había autorizado mi presencia. Yo nunca he confundido a los musulmanes con los integristas, pero todo lo que ha pasado después yo lo he entendido mucho mejor. Los integristas no tienen respeto a la vida de los que no son como ellos. Los yihadistas nos odian por no ser como ellos, y no tienen respeto a su vida tampoco”.

La triste realidad es que, en pleno siglo XXI, todavía sigue habiendo un gran número de países, cuyas mujeres conviven diariamente con una mano opresiva de discriminación sexista, machista y misógina.

Si queréis ver el vídeo completo con el testimonio de Cubero, podéis hacerlo pinchando aquí (a partir del minuto 15)

Fuente: ‘El chiringuito de jugones’ vía vozpópuli

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