El desconocido origen de Julia, la estatua «que estudia» en el madrileño barrio de Malasaña

Publicado 26 septiembre, 2019 por Mike
Julia Malasaña
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Madrid está plagada de monumentos, estatuas y edificios con historia, la mayoría de ellos conocidos y queridos por todos. El metro, el oso y el madroño, la Cibeles y otros monumentos icónicos adornan la ciudad, a menudo siendo el centro de atención de la escena.

Pero no todas las estatuas o memoriales son así. Algunas son más humildes, más pequeñas, y a menudo pasan desapercibidas a la vista de el ciudadano que camina por la ciudad. Cuando las prisas y el trajín del día a día no nos distraen, y tenemos el tiempo de fijarnos en los detalles, encontramos estas estatuas y a menudo nos preguntamos ¿por qué están aquí?.

Tras Julia, la historia que pocos conocen

Fuente: Miradormadrid.com

Hoy vamos a hablar de Julia, la silenciosa estatua que se encuentra apoyada contra la pared en Malasaña, bajando por la calle San Bernardo. Si nos fijamos en ella, veremos una figura sencilla reclinada contra el muro del palacio de Bauer, casi como si quisiera pasar desapercibida a la vista del público.

No tiene un aspecto pomposo, sino que más bien parece una chica normal, con un par de libros y un atuendo sencillo. Es, quizás, como la mayoría de nosotros nos imaginamos a una estudiante de un tiempo anterior,  40 o 50 años atrás.

Lo que sucede es que no parece una estudiante cualquiera: Es joven, pero si tuviéramos que adivinar donde está estudiando, diríamos que en la universidad. ¿Por qué una universitaria aparentemente común y corriente tiene una estatua en Madrid para conmemorarla?

La respuesta es sencilla: A mediados del siglo XX, una estudiante universitaria no era ni común ni corriente en absoluto.  En aquel entonces la educación superior estaba exclusivamente reservada para los hombres, y cualquier intento por parte de las mujeres de obtener una educación superior era a menudo frustrado.

Entonces ¿cómo es que Julia consiguió estudiar en la universidad de Madrid?. A Julia le encantaba aprender y lo hizo de manera autodidacta durante gran parte de su vida. Los que conocen su historia afirman que era sobretodo una apasionada de la literatura, y que no se limitaba a un género concreto.

Julia podía ir desde la poesía a las revistas de divulgación científica que existían en aquella época, por lo que su sed de conocimiento nunca estaba saciada y siempre buscaba aprender más en múltiples campos.

Su única solución en aquel tiempo que la excluía de una educación superior, era camuflarse, parecer miembro del grupo de personas al que socialmente sí que se le permitía asistir a las clases: los hombres.

Julia se cortó el pelo, y empleó la ropa antigua que conservaba de su padre para poder asemejarse lo más que pudiera a un varón. De esta manera Julia se convirtió en un icono para aquellos que conocían de su hazaña, y en Malasaña los vecinos atesoran con cariño la sencilla estatua que decora sus calles.

Como sucede con todos los símbolos, Julia no agrada a todo el mundo, y en 2010 sufrió actos vandálicos que obligaron a retirarla de su lugar habitual. Pero los ciudadanos no permitieron que aquel acto fuera definitivo, y Julia volvió a su lugar habitual tan pronto como pudo ser reparada.

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