Desgraciadamente, muchos de los accidentes al volante producidos por la distorsión de la realidad que el alcohol produce en los conductores, tiene más víctimas que la del propio conductor ebrio. Gente inocente que cumple el código de circulación y que su única falta es tener la mala suerte de cruzarse con una persona conduciendo en condiciones inadecuadas.

Kelly murió tras pasar varios meses en coma, tenía 20 años cuando un conductor ebrio se cruzó en su camino destrozando su vida y la de su familia, que además de la pérdida de su hija y del sufrimiento que pasaron mientras se encontraba en este estado, les ocasionó una factura de más de 6 millones de euros en gastos médicos de los cuales el seguro no se hace responsable por completo.

Su padre, quiso enviar un mensaje a todo el mundo.

Original: John Seaman

Publicado en Miscelánea